Sagrada locura

  • Roberto Calasso reivindica la idea del amor como posesión divina en sus ensayos

Su labor al frente de Adelphi lo ha convertido en uno de los grandes editores europeos de nuestro tiempo, pero Roberto Calasso es también el autor de una serie de ensayos narrativos entre los que destaca la formidable tetralogía formada por La ruina de Kasch, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Ka y K., a los que podría añadirse otro libro fundamental, La literatura y los dioses, que comparte intención y planteamiento con esta nueva colección de ensayos de hermoso título, publicada en España por la editorial mexicana Sexto Piso. En efecto, el ensayo que da título al volumen, La locura que viene de las ninfas, sirve al autor florentino para reivindicar de nuevo la idea del amor como posesión divina, al modo de los griegos antiguos, que relacionaban el delirio erótico con la embriaguez o la locura, pero también con el acto de creación, el conocimiento y la felicidad. "Los que eran dioses -dice Jung, en frase citada por Calasso- se han convertido en enfermedades", pero la consideración patológica de la posesión, en la que pesan tanto los principios de la psiquiatría moderna como las pintorescas truculencias del ocultismo decimonónico, nada tiene que ver con un mundo, como era Grecia, donde lo divino tenía una presencia constante que no se oponía al racionalismo -es Sócrates quien afirma que la manía es superior a la sophrosyne o control de uno mismo, porque procede de los dioses- ni era sentida como amenaza.

La posesión, pues, como una forma de conocimiento -o a decir de Aristóteles como una vía hacia la felicidad-, y las ninfas como agentes primigenios del entusiasmo. Pero los nympholeptoi, los raptados por las ninfas, los poseídos por la sagrada locura, no son sólo los enamorados, ni los encuentros con la divinidad cesaron con el declive del paganismo. Desde su primer libro, El loco impuro -asimismo publicado por Sexto Piso-, el propio Calasso reconoce la posesión como el tema central de su obra, y advierte su influjo -que se manifiesta de igual modo, insiste, en la gente corriente- en autores como Nabokov o Kafka, a los que dedica páginas escritas desde una perspectiva absolutamente original que sorprende por su lucidez y clarividencia. Esta loca miscelánea incluye, en fin, artículos consagrados a Hitchcock, John Cage, Chatwin o Canetti, y se cierra con una declaración de amor a contracorriente -"La edición como género literario"- en la que el brillante ensayista explica su experiencia como editor y los principios que la han guiado, principios admirables que permiten interpretar el éxito internacional de Adelphi como algo parecido a un milagro.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios