Cómics

Sangre en la frontera

  • La serie 'White indian', en la que más tiempo trabajó Frazetta, vuelve a las librerías en gran formato y con una calidad de reproducción sobresaliente.

WHITE INDIAN. Frank Frazetta. Norma. 192 páginas. 29 euros.

El nombre de Frank Frazetta está íntimamente ligado al mundo de la ilustración. Suya fue la imagen definitiva de Conan el bárbaro, o de John Carter de Marte, y su interpretación de Tarzán compite al mismo nivel con la de J. Allen St. John, el artista por excelencia del hombre mono. Como nos recuerda J. David Spurlock en la introducción de White Indian: "Frazetta tomó el sexo y la violencia del género pulp de su juventud y añadió todavía más potencia, acción, fantasía y testosterona, pero elevó sus trabajos a un nivel de estilo y elegancia raramente visto fuera de las Bellas Artes". La obra del artista de Brooklyn provocó un seísmo en la segunda mitad del siglo XX, y sus réplicas llegan a nuestros días.

Pero Frazetta fue también, en sus inicios, un dedicado historietista que dejó su firma en todo tipo de géneros, del humor a los superhéroes, pasando por la fantasía o el wéstern. Se recuerda, por ejemplo, su aportación al Li'l Abner de Al Capp; o su corta, pero impactante, interpretación de Shining Knight, el caballero de la Mesa Redonda que, a lomos del caballo alado Victory, formó parte de los Siete Soldados de la Victoria de DC. Y se recuerdan especialmente trabajos más personales e influyentes, aun siendo tan breves que corrían peligro de pasar desapercibidos: la primera aventura de Thun'da, remedo de Tarzán creado por Frazetta con el siempre inquieto guionista Gardner Fox, una historieta suelta o alguna portada para la malograda EC, los pocos dibujos, mil veces reeditados, que realizó del justiciero enmascarado Ghost Rider (no confundir con la motorizada y demoníaca versión de Marvel Comics), el dinámico Buck Rogers de las portadas de Famous Funnies o la tira de prensa de producción propia JohnnyComet.

Todo este material, publicado allá por los años 50 en periódicos o cabeceras semiolvidadas, durante los años de formación del artista, no ha dejado de interesar a los lectores avisados y su existencia ha pasado de una generación a otra en fanzines y reediciones de dudosa calidad que guardábamos como oro en paño. Frazetta no fue lo que se dice un virtuoso del storytelling, esto es, un gran narrador, pues sus imágenes resultan a menudo estáticas y la elección de los planos para las viñetas no siempre es la más adecuada. Sin embargo, su línea posee una fuerza única, su técnica es apabullante y hay una belleza peculiar en las figuras, realzadas siempre por un entintado extraordinario.

Pues bien, ya pueden tirar a la basura las viejas fotocopias. En estos tiempos de saturación de oferta, los cómics de Frazetta regresan a librerías. Ahí tienen el estupendo White Indian, la serie de cómic en la que más tiempo trabajó el artista, ofrecida por Norma Editorial en gran formato, con hechura y calidad de reproducción sobresalientes. Es un absorbente relato del oeste, de los días previos a la Guerra de Independencia, que se complementa con un puñado de historietas de diversos géneros, páginas todas alumbradas por Magazine Enterprises entre 1949 y 1955. Un capricho para leer y contemplar.

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