Sentido homenaje que supo a poco

Carlos Cano era copla. Sin duda. María Vidal, también. Pero, ¿son ambos la misma copla? ¿Puede satisfacer su fusión al público que admira a cada uno? Ése era el reto de ayer al que se enfrentaba la sevillana y, aunque saliera victoriosa de su aventura, a los espectadores le supo a poco. "¿Ya?", se escuchó entre la platea del Lope cuando la artista anunció su despedida. "¡Canta La Ruiseñora! ¡ A fuego lento!". "Ninguna de ésas", se sentenció desde el escenario. Y llegó, en el cierre, Luna de Abril. Y antes, María la portuguesa, las Habaneras de Cádiz o Alacena de las monjas. Éxitos compuestos por el universal granadino u otros más clásicos que él recuperó en su voz como Me embrujaste, Ojos verdes o La lirio -títulos reunidos por María en un popurrí para el tramo final del montaje-. Hasta ahí precisamente no sonaron los esperados "¡olés!", las siempre emocionantes palmas a compás que agradecieron con efusión María de la O. Ésta, recreada por la misma Vidal hace quince años en Azabache, sigue siendo un buen talismán para convencer a su audiencia y un buen ejemplo de lo que los amantes de la canción española, más de rompe y rasga, no se cansan nunca de escuchar. Ante ellos mostró la cantante respeto y emoción, llorando tanto al comienzo como al final de un espectáculo en cuya segunda parte lució, como se esperaba, una bata de cola regalo de Tony Benítez.

Por lo demás, la contundencia en la garganta de esta mujer sigue impactando y, la sinceridad de la que hace gala, dice mucho de su sensibilidad y de sus tablas para salir de cualquier pequeño escollo que se pudiera presentar. Otro veterano, el actor Paco Valladares, no pudo finalmente asistir a recitar, tal y como estaba previsto, a causa de un inesperado bache de salud. Para eso estaba María entregándose a sus seguidores a quienes, antes de despedirse, sí dedicó una breve capela de La ruiseñora. Para que no digan.

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