Sevilla tiene un sonido especial

  • Kiko Veneno cerró con un éxito rotundo el ciclo de conciertos por la Expo 92

El compositor en el CAAC, donde avanzó dos temas del que será su próximo disco, 'Sombrero roto'. El compositor en el CAAC, donde avanzó dos temas del que será su próximo disco, 'Sombrero roto'.

El compositor en el CAAC, donde avanzó dos temas del que será su próximo disco, 'Sombrero roto'. / víctor rodríguez

Sevillano de adopción desde los 9 años, Kiko Veneno lleva en sus venas la impronta del sonido que define a esta ciudad, por eso el título de esta crónica lo dio él mismo al presentar así su canción Me siento en la cama. Pero cuando de verdad se apreció ese sonido especial sevillano fue cuando enlazó el rock más denso de la noche, Traspaso, y su pared de ruido construida por toda la banda a la vez y dos guitarras eléctricas frenéticas buscando siempre el acople con los monitores, con el ritmo y el compás flamenco de Coge la guitarra y sus coros de "lerélerele lereleré" entonados por la numerosa audiencia que acudió al concierto, sin que el cambio rechinase en ningún momento.

A pesar de que no pisó los escenarios de la Expo 92, Kiko Veneno fue el encargado de cerrar en la noche del jueves en el CAAC el ciclo de conciertos de la celebración del 25 aniversario de dicha exposición universal. Y lo hizo con un éxito absoluto, recordando todas las canciones que le mantienen como uno de los mejores compositores nacionales y que el público se sabía de memoria y adelantándonos otras dos del nuevo disco que está preparando, que se llamará Sombrero roto.

Todo comenzó con Lo que me importa eres tú, un as que termina con toda una declaración de intenciones: me entra la marchita, cojo la guitarra y no me puedo parar. Y no se paró, al contrario; aceleró completando el póker con tres ases más: Los delincuentes, que aquí fueron de guante blanco por el fino regusto del violín de Félix Roquero; Memphis blues again, la magistral versión en la que envenena la letra original del maestro Dylan, y la ironía incontenible del Lobo López, redimido por amor. Nos presentó Dime A como un reggaeton lento y a causa del fervor generado la noche anterior, al llegar a la parte final de la canción, en la que entona ese musho Betis musho Betis é, todo el público estalló en un grito con él, incluyendo a los de la otra acera futbolera, como es el caso de quien esto suscribe.

Kiko Veneno estuvo arrollador al igual que su banda, que más que de instrumentistas famosos está compuesta de Super héroes de barrio llenos de superpoderes musicales: Fuego puso en primer plano los magistrales toques de teclado de Anabel Pérez, Respeto dio la oportunidad del lucimiento al enorme bajista que es Juan Ramón Caramés, En un mercedes blanco sirvió para que el Delinqüente Diego Ratón nos dejase el mejor solo de guitarra de palo de la noche, que nada tuvo que envidiar en cuanto a estruendo a los formidables toques eléctricos de Félix Roquero ni a los truenos que salían de la batería de Jimmy González; el delirante Revolution beatleliano lo abrió Andrés Roldán muy flamenco y lo continuó Kiko girándolo a un reggae más jerezano que jamaicano; Willy Leal apoyó en todo momento a Kiko con una segunda voz que muchas veces pasaba al primer plano, a la que se sumó con una tercera Ana Gallardo en Echo de menos para quedarse ya hasta el final, que fue un Volando voy convertido en apoteosis de guitarras flamencas y camisetas del Betis.

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