'Shangri-La' se rebela contra la 'versión oficial' del siglo XX

  • Julio Murillo, ganador del Alfonso X de Novela Histórica, juega con la posibilidad de que Hitler simulara su suicidio

¿Y si la Conferencia de Postdam hubiese sido una farsa en la que Churchill, Stalin y Truman hubiesen silenciado un hecho terrible? ¿Y si Hitler hubiese simulado su suicidio en aquel búnker y toda la historia del siglo XX se hubiese construido sobre una mentira? Atraído por las muchas contradicciones que detecta en la versión oficial que ha trascendido sobre la Segunda Guerra Mundial y su desenlace, el escritor Julio Llerda ofrece una insospechada relectura de los acontecimientos en Shangri-La, la ficción con la que ha ganado el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio.

Editada por Martínez Roca, Shangri-La se define como una intriga que gira sobre la manipulación de los hechos y los secretos de Estado. Un periodista del diario The Guardian, junto a un biólogo y una violinista de la Filarmónica de Berlín, serán los encargados de revisar este pasado.

Murillo, que ya quedó finalista de este premio en 2005 con Las lágrimas de Karseb, reconoce que "los escritores vamos metiendo en un baulito los misterios que nos interesan". Y en la Segunda Guerra Mundial, según mantiene el autor, "se suceden algunas cosas que no se han explicado". Para el novelista, destaca entre estas sombras "el paradero del Führer, por ejemplo. Nadie, ningún investigador, ha dicho de forma clara que ese hombre se suicidó en el búnker".

"En Shangri-La hay mucha ficción", advierte Murillo, pero "los datos que aparecen son totalmente históricos" y explican la configuración actual del mundo. "Todo eso que ocurre a finales de 1945 tiene una conexión con la actualidad. La reflexión es cuántas de las noticias importantes logramos tener claro de dónde vienen".

Por su parte, el escritor gallego afincado en Sevilla Edmundo Díaz Conde, finalista del Alfonso X, narra en El veneno de Napoleón mucho más que la peripecia de un envenenador encargado de acabar con la vida del militar francés. "Además de la historia del mayor envenenador que ha habido, es también la de una madre que pierde la razón por un hijo abandonado, o el relato de unos amigos enfrentados por el rencor", enumera el novelista, que en su obra, que admite como heredera de los folletines, habla también de amor, "pero de amor del bueno", subraya. Díaz Conde razona el auge de las novelas históricas alegando que "estamos en una época neorromántica: así, se dan de nuevo el escapismo, la preeminencia del yo y los paisajes exóticos que ofrecen los viajes, por ejemplo".

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