Silenciosamente,le tapiaron el mundo

Eva Yerbabuena Ballet Flamenco. Dirección, idea original y coreografía: Eva Yerbabuena. Creación y dirección musical y guitarra: Paco Jarana. Voz en off: Juan Diego. Cante: Enrique el Extremeño, José Valencia y Jeromo Segura. Percusión: Antonio coronel, Raúl Domínguez. Cuerpo de baile: Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno, Eduardo Guerrero, Moisés Navarro, Cristian Lozano y Asime Can özozer. Títere: Sandra Díaz. Escenografía: Vicente Palacios. Vestuario: López de Santos. Iluminación: Fernando Martín. Proyecciones: Ático 7. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Sábado, 17 de mayo. Aforo: Casi lleno.

Pocas producciones hemos visto en los últimos tiempos como la que Eva Yerbabuena presentó anoche en el Teatro de la Maestranza. El motivo es que su creación está ligada al ciclo que el Generalife granadino dedica cada verano a 'su poeta'.

Ideada, pues, en 2011 por encargo, para llenar el gran escenario de los mágicos jardines, lo primero que llama la atención es la grandiosidad de la propuesta, protagonizada por un enorme muro tras el que se proyectan hermosas e impactantes imágenes.

Pero no es la Yerbabuena mujer de formas solamente, por eso aprovechó el encargo para hurgar en las entrañas del poeta, de granadina a granadino, para darse cuenta de que Federico, hombre como los demás, como artista, como ella misma, es un pozo sin fondo. Por eso, después de darle vueltas y más vueltas, acabó haciendo uso de la libertad que la caracteriza y sacando de él, como si de una caja de Pandora se tratara, lo que le pedía el cuerpo y el alma, construyó un mural con once escenas en las se mezclan los recuerdos familiares -esas mujeres que dieron lugar a Bernarda, a Rosita, a Adela, con su Pepe el Romano...-, sus amigos (Lorca y Dalí entre ellos), el ambiente festivo de los trabajos sencillos, como los bailes por tangos de las mujeres en el secadero de tabaco... Pero siempre, por encima de todo, está ese muro oscuro con el que, en palabras de otro enorme poeta como Cavafis, le 'tapiaron el mundo' hasta que dejó su sangre en él.

Ese muro que une a Eva y a Federico y del que sólo se puede escapar a través de la fantasía y del arte es el auténtico leit-motiv de un espectáculo onírico e inconexo (Eva no puede estar arriba y abajo, dentro y fuera) a pesar de la magnífica banda sonora creada por Paco Jarana para ligarlo y de unos músicos de primerísimo nivel, al igual que el cuerpo de baile, que alterna con maestría, como ella misma, la danza flamenca con el teatro-danza contemporáneo.

Y en medio de todo, como se esperaba, apareció su baile maravilloso de bacante contenida, no ya el clásico por seguiriya o por soleá -esa soleá que le explota de las tripas en mil direcciones, sin ruido- sino en ritmos como la vidalita, matizada, hosca y dulce a la vez, o en esos tangos que dan ganas de bailar y dejan entrever la luz que, tras el muro, también irradian granadino y granadina.

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