Silvia Cosío reflexiona sobre las trampas del bienestar

  • La artista retrata en una serie hogares cercados por la amenaza

Silvia Cosío discurre sobre las trampas de la estética del bienestar a través de una serie de pinturas que expone en la Galería Félix Gómez, y en la que la artista alterna los lienzos de gran formato con retratos de pequeñas dimensiones. Cosío perfila en sus cuadros hogares en los que la aparente sensación de placidez se quiebra con una amenaza incierta: una bandada de pájaros, el cerco de la nieve o un elemento fuera de contexto -una historiada butaca que cohabita junto a una silla de jardín- insinúan la precariedad del orden y generan la desazón en el espectador. "Me gusta fijarme en situaciones placenteras y dejar que asome en ellas la intriga, la tensión", explica la autora. "En un cuadro, por ejemplo, retrato la parte de atrás de una casa porque me interesa todo eso que no está de cara a la galería, ahí ves la mescolanza", apunta Cosío, quien admite que "utilizo las casas para definir a las personas". Para no mermar la capacidad de sugerencia de sus lienzos, la pintora ha evitado bautizar su colección con un nombre. "Prefiero que los cuadros se basten solos, no forzar lo que se debe interpretar", asegura.

En el turbador hábitat que describe Cosío, la artista plástica contrapone, en un juego de espejos, algunas efigies con un reverso insospechado. Junto al dibujo de Kate Moss el observador se encuentra un paisaje que destila serenidad. "Me parecía interesante colocar a Kate Moss, una diosa del materialismo, frente a algo muy poético, con mucho misterio", declara. El mismo enigma que Cosío admira en el belga Luc Tuymans y el escocés Peter Doig, dos artistas que, bajo una ilusoria sencillez, también hablan de las incógnitas del mundo.

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