Sonidos nuevos para un instrumento antiguoUna viola en la laguna EstigiaRercordatorio para olvidadizos

La flauta dulce (o de pico, horrible galicismo por el que suelen conocerla los profesionales del instrumento) vivió su momento de esplendor en el Renacimiento y se usó con moderación durante el Barroco para desaparecer de la práctica magistral con el Clasicismo. A finales del siglo XX el instrumento resurgió de la mano de intérpretes vinculados al movimiento historicista y algunos compositores volvieron a dedicarle obras. La mexicana residente en Madrid Anna Margules muestra sus posibilidades en este sorprendente recital en el que toca obras modernas de compositores españoles (Marisa Manchado, Javier Arias Bal, Jesús Torres) y mexicanos (Ignacio Baca Lobera, Gabriela Ortiz, Víctor Rasgado, Gonzalo Macías, Alejandra Hernández).

Con el apoyo de la electrónica en un par de temas, las flautas de Margules aletean, trinan, planean o golpean con la contundencia de un martillo unos oídos poco acostumbrados a escuchar esos sonidos de un instrumento en apariencia tan limitado. La flautista demuestra sobrado virtuosismo y espíritu abierto para reproducir la variedad estilística del programa.

Mundos mitológicos se recrean en estas dos obras de compositores vinculados a los neos de fines del s.XX, Giya Kancheli (1935) y John Tavener (1944). Styx, del primero, está escrita para viola, coro y orquesta; The Myrrh-Bearer, del segundo, para viola, coro y percusión. Música sugerente y atractiva en manos de Maxim Rysanov y más que solventes conjuntos letones dirigidos por Maris Sirmais.

Ya comenté con amplitud la producción de Conlon Nancarrow (1912-1997) para la pianola. El proyecto de nueva grabación que para MDG lleva a cabo Jürgen Hocker, amigo personal y colaborador de Nancarrow, llega a su tercer volumen, que aprovecho para hacer este recordatorio. Música gozosa, que, no se olvide, ha sido calificada como "la más alegre jamás concebida en nuestro tiempo".

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