literatura

Del Sur al Sur

  • Andrés Trapiello y Eduardo Jordá, entre los participantes del congreso internacional que Sevilla dedica esta semana a la escritora Flannery O'Connor

Retrato de la narradora y ensayista Flannery O'Connor (Savannah, Georgia, 1925-1964). Retrato de la narradora y ensayista Flannery O'Connor (Savannah, Georgia, 1925-1964).

Retrato de la narradora y ensayista Flannery O'Connor (Savannah, Georgia, 1925-1964).

Hay en los Estados Unidos cuatro localidades que poseen el alto honor, a falta del de ostentar nombres misteriosos en lenguas indias, de compartir el de Sevilla, esta ciudad desde cuyo puerto iban los galeones al Nuevo Mundo. Están en Ohio, Georgia, California y Florida. Una de las más importantes escritoras estadounidenses del siglo pasado, Flannery O'Connor (1925-1964), vivó en uno de esos estados (Georgia) y habitó una granja llamada Andalusia. He escrito estadounidense, que no yanqui, porque O'Connor pertenecía al Sur, al viejo Sur rural que huele a algodón y a insolación, nada que ver con el Norte fabril que transpira humo y manufacturas de tornillos y motores de explosión. Era además O'Connor, como su apellido y aún su nombre de pila (bautismal) delatan, de sangre irlandesa, católica, apostólica y romana: una minoría religiosa en ese país preponderantemente protestante y ambidiestro que esgrime con pareja facilidad la Biblia y el revólver. Esa tensión se manifiesta en esta autora y produce retorcidas pulsiones violentas como las que desembocan en su novela Sangre sabia (llevada al cine por John Huston) o en tantos cuentos, como Un hombre bueno es difícil de encontrar, del volumen homónimo.

En Andalusia, O'Connor vivió los treces últimos años de su corta vida (la desbarató el lupus, como a su padre antes). Aunque la granja tenía otro nombre cuando fue adquirida por la familia, Flannery supo por una descendiente de los antiguos propietarios que en el siglo XIX se había llamado Andalusia. Le gustó, se lo dijo a su tío, y rebautizó aquellos acres acres y agradables -agridulces- en los que vivió y murió apagándose entre pavos reales y otras aves. Allí escribió, escribió, escribió hasta el final: dos novelas y tres docenas de relatos magistrales. También unas oraciones editadas póstumamente.

Se ha dicho hasta la extenuación que la literatura sureña tiene muy arraigado el sentimiento del lugar, de la pertenencia a un espacio y al pasado que en este late. Eso lo predicó para la literatura irlandesa Seamus Heaney, y otro O'Connor (Frank) lo cultivó de manera acendrada en los relatos que escribió tanto en la vieja Éire como en América. O'Connor (Flannery) se formó en Iowa y en Nueva York, pero luego se quedó casi todo el tiempo en aquel rincón postizamente andaluz, del que salió para dar conferencias y lecturas y, ya muy avanzada la enfermedad, para ir a Lourdes con la esperanza de una sanación milagrosa que no se produjo. Hay en sus páginas, obsesivamente, la idea del pecado, de lo grotesco, del nihilismo, de la redención. Con todo, aunque sea una autora confesional no sólo por extracción sino por voluntad militante, como se aprecia en sus cartas, O'Connor puede y ha de ser leída como una de las grandes voces de su espacio y tiempo, sin necesidad de que los lectores comulguen con su credo porque, tratándose de excelente literatura, lo que hallan no es un panfleto o bienintencionado contenido de hoja parroquial (aunque colaboró con reseñas en una), sino algo simbólico y elíptico. Los estudiosos por su parte glosan y comentan su escritura como los teólogos hacen con las Escrituras en plural y con mayúscula.

La fe es, sí, uno de sus temas fundamentales, y hay una gran carga teológica en ella. Por esta razón, la Universidad Loyola organiza de jueves a domingo en Sevilla el congreso internacional Andalusia in Andalucía. Se argumentarán conexiones con Graham Greene, Migel Delibes, García Lorca o Juan Manuel de Prada, se invocará a Santa Teresa y se analizará algo tan aliterativo como Flannery and Flamenco. Por cierto, que Flannery es una vieja palabra gaélica que significa algo así como "pelirrojo", pero más exacto y etimológico (me he levantado a consultar el diccionario de la Royal Irish Academy) sería decir "sangriento", y lo cierto es que hay crímenes y crueldades, a veces autoinfligidas, en la narrativa de O'Connor.

Intervendrán, entre especialistas de todo el mundo, escritores españoles como Eduardo Jordá, Fernando Iwasaki o Andrés Trapiello. La mayor parte de las conferencias y comunicaciones tendrán lugar en el campus Palmas Altas (Palmeras salvajes es título de otro escritor sureño, William Faulkner, mucho más atrevido con la forma y las técnicas de composición). No obstante, uno de los escenarios será la sede de la Fundación Valentín de Madariaga (antiguo consulado de los Estados Unidos) y el acto inaugural tendrá lugar en el Ayuntamiento hispalense. Por ese despacho de etiquetas que tanto se prodiga en el mundo académico, a O'Connor se la ha enmarcado en un denominado gótico sureño. En la catedral de Sevilla, uno de los moderadores del congreso celebrará la misa en inglés este domingo para los participantes interesados. Efectivamente: gótico sureño al pie de la Giralda.

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