Teresa Soto gana un Adonais con cariz sevillano

  • Diego Vaya y Pablo Moreno logran sendos accésits del legendario premio.

Francisco Camero

/ sevilla

Teresa Soto (Oviedo, 1982) ganó ayer la 61º edición del prestigioso Premio Adonais de Poesía, organizado por la editorial Rialp y el Ateneo de Madrid, por Un poemario (Imitación de Wislawa), una obra que presentó "sin esperanza, con convencimiento", dijo ayer, citando a su paisano Ángel González. En su poesía, explica Soto en una entrevista con Efe, trata de "dar a la poesía forma de libro, dejar que se airee".

Soto es licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Granada y la Universidad de Bologna y reside ahora en Boulder (Colorado), en cuya universidad es profesora. El título revela la admiración de la autora por la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska. Menos explícitos, Amijai, Pessoa, Tsvietáieva y el citado Ángel González son otras fuentes de la joven poeta.

Dos sevillanos, Diego Vaya y Pablo Moreno Prieto, se hicieron con sendos accésits del premio. El primero, por El libro del viento, la obra que le ha propiciado esta "sorpresa absoluta", dijo ayer, pues fue su novia quien envió el libro a concursar. Vaya, nacido en 1980, es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y ha publicado Las sombras del agua y Un canto a ras de tierra. Este reconocimiento representa para él un "verdadero espaldarazo", y Moreno Prieto utiliza las mismas palabras.

El libro del viento

Moreno Prieto reunió "casi 40 poemas escritos en los últimos cuatro años" en Discurso de la ceniza, otra de las obras que el jurado –Carmelo Guillén Acosta, Joaquín Benito de Lucas, Diego Jesús Jiménez, Julio Martínez Mesanza y Antonio Colinas– ha galardonado. El poeta, nacido en el 77 y también accésit del Premio Luis Cernuda de 2002, emplea un tono "elegíaco, pero también de celebración", y recoge en sus palabras un sentimiento del Sur "muy cernudiano, salvado las distancias". "Es una tierra que quiero mucho. Pero, como dice José Julio Cabanillas, es un paraíso dormido".

trata de "la fragilidad humana" y de "la generosidad del amor" como bálsamo casi único. Vaya, que reconoce la maestría de César Vallejo, Ovidio, Pessoa y San Juan de la Cruz, aspira a "intentar hacer siempre algo distinto y a indagar en la sintaxis y el sonido".

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