Por unas VPO de calidad

  • Cuando el futuro de la vivienda se orienta a promociones de protección oficial, actuaciones como la de San José de La Rinconada resultan de especial interés

Los aplanamientos culturales a los que nos tienen acostumbrados los modos de la globalización terminan por no dejar ámbito sin sondear, incluso aquellos tan íntimos como son los de la domesticidad. Alguno podría comentar que nada hay de extraño en todo esto, desde el mismo momento que hasta ese terreno de lo doméstico no es otra cosa que una invención de la cultura material del primer capitalismo para precisamente domesticar el régimen de los cuerpos premodernos a unos nuevos comportamientos y modos de vida futuros.

Cuando nos enfrentábamos hace algunos años a aquellos interiores higiénicos y blancos, con una espacialidad ordenada y una forma tan eficaz como rotunda de las viviendas obreras de alguna de las Siedlungen alemanas de los años treinta, no podíamos dejar de sorprendernos al comparar esa realidad con el interior de nuestras viviendas de clase media. Toda una enorme carga edificatoria, de dotación funcional, de mobiliario, de almacenamiento, de soleamiento y accesibilidad caracterizaban aquellas viviendas mínimas frente a la absoluta desnudez de nuestros espacios domésticos. Bastaría con observar unos de esos interiores de las viviendas que aparecen en las películas españolas de los cincuenta para caer en esa cuenta.

Esa diferencia aún no ha sido superada o, por lo menos, no del todo, pese al aplanamiento de la globalización; parece que tampoco los usuarios lo demandan, eso dicen cuando uno pregunta a los productores de viviendas públicas y privadas. Por eso siguen sorprendiéndonos aquellas propuestas arquitectónicas que trabajan en superar este estado de carencia material de la domesticidad de nuestras viviendas. Sabemos que hay mucho en ello de compromiso personal por parte de promotores y arquitectos y confiamos en que el bienestar de la sociedad española, pese a todo, termine por inundar también este ámbito de lo doméstico.

En esta apuesta se sitúan estas viviendas adosadas que los arquitectos sevillanos José Miguel Chaparro y Luis Valero ha construido en San José de la Rinconada.

Las viviendas, en dos plantas, ocupan una alargada manzana de una nueva zona de crecimiento de San José de la Rinconada, en un paisaje anodino constituido por otras tantas promociones como las que inundan las periferias de nuestras ciudades sin otra cualidad que la de su respuesta funcional al problema de la habitación. Su apariencia es la de dos bloques lineales ligeramente separados de la alineación a la calle -recuperada con los volúmenes limpios de los garajes- que parecen querer unirse en el interior de la manzana de no ser por la resistencia del vacío que media entre ellos, significándose, por medida y disposición, como elemento esencial para la vida de sus moradores.

Si la cuidada imagen exterior del conjunto, por la disposición de huecos y materiales, ya nos pone sobre aviso de que estamos ante una situación singular dentro de la producción de arquitectura doméstica andaluza, conociendo o viviendo su interior la experiencia no hace sino confirmar y ampliar esas expectativas. Y gran parte de ello, gracias al conjunto de pequeños patios interiores -unidos en grupos de cuatro aunque todos individualizados en las plantas bajas- y la relación que cada casa establece con el suyo propio. Es la gran aportación de esta obra al panorama contemporáneo de la construcción de viviendas.

Así, con el patio al fondo de la casa, la sabia disposición de la escalera dando a una de sus caras y el tratamiento de los huecos de las zonas de paso que a él se abren, hacen que la luz natural bañe y se haga presente en estos dilatados espacios -habitualmente tratados como meros pasillos de distribución- logrando ámbitos de extraordinaria cualidad ambiental que se suman a las distintas estancias del programa doméstico.

A todo esto hay que añadir el cuidadoso tratamiento de los materiales utilizados que, ajustados a las calidades de las promociones de protección oficial, alcanzan una dignidad e imagen a la altura de las mejores actuaciones privadas.

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