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"Vendrán películas peores, que un actor tiene que comer, pero hoy soy afortunado"

  • El intérprete de 'Verano 1993' regresa este viernes a los cines con 'Tierra firme', nueva colaboración con el director de '10.000 Km' y una reflexión sobre el deseo de tener hijos

David Verdaguer, en una escena de 'Tierra firme' junto con Oona Chaplin y Natalia Tena. David Verdaguer, en una escena de 'Tierra firme' junto con Oona Chaplin y Natalia Tena.

David Verdaguer, en una escena de 'Tierra firme' junto con Oona Chaplin y Natalia Tena. / d. s.

Con 10.000 Km, el director Carlos Marques-Marcet y los actores David Verdaguer y Natalia Tena conmovieron al público con la historia de una pareja que se descompone por culpa de la distancia. Esa habilidad del cineasta para observar desde una sobria sensibilidad las relaciones humanas atraviesa Tierra firme, la película que el realizador ha rodado con los mismos intérpretes, que inauguró el pasado Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF) y llega este viernes a los cines. Con Verdaguer (Girona, 1983) conversamos sobre este filme que habla, desde una encomiable ligereza, de esa edad en la que alguien se pregunta si tener o no descendencia. Eva (Oona Chaplin, que se incorpora al equipo) desea un hijo, una idea a la que se resiste su pareja, Kat (Natalia Tena). La irrupción de Roger (Verdaguer), amigo de la segunda y un posible donante de esperma, plantea un intenso debate sobre la cuestión.

-A pesar de hablar de un tema tan hondo como la necesidad (o no) de tener hijos, Tierra firme se mueve en un tono muy distinto a 10.000 Km. ¿Desde el principio tuvieron claro ese cambio de registro?

-Sí. Carlos es muy listo, y vio que cuando Natalia y yo rodamos 10.000 Km nos quedamos fascinados el uno por el otro, aunque cada uno tenía su pareja. Lo que surgió de ahí fue una amistad, una amistad de muchas risas, y Carlos aprovechó eso. Ha creado unos personajes que tienen una relación así, que se quieren mucho, que salen de fiesta, que hablan de las cosas con humor negro y hacen el bobo. Él tomó eso y otras cosas de la vida real, como el hecho de que Natalia vive en un barco en Londres igual que en la ficción, para hablar de lo que le interesaba, de la paternidad y de las relaciones que nos ha tocado vivir a los de nuestra generación. Es verdad que 10.000 km era más para adentro, se planteaba como un drama de pareja, y aquí había un punto de comedia que básicamente ponía mi personaje.

-Antes de 10.000 Km, era conocido en Cataluña principalmente como cómico, gracias a sus trabajos en teatro y televisión. Curiosamente, esa etiqueta no había trascendido al público español.

-Estoy de acuerdo. Cuando se estrenó 10.000 Km, en Cataluña dijeron: Anda, si el burro este sabe actuar... Y es verdad que el público español sólo sabe que hago comedia por No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, donde hacía de novio de Verónica Echegui, que era un papel pequeño. Hacer comedia en cine no es fácil, y más con un personaje tan histriónico como el de Tierra firme: en un primer plano tienes que ser verosímil, si no canta mucho. Y otro problema con la comedia es que a menudo se piensa que un intérprete que funciona en un género no puede probar en otro, y yo defiendo que todos deberíamos hacer de todo. Un periodista puede escribir igual un artículo sobre cine o sobre fútbol, ¿no?, aunque uno le cueste más que otro. Ahora estoy haciendo con Carlos un nuevo proyecto y ahí soy un tipo muy soso.

-En esa película, La bona espera, Marques-Marcet parece seguir siendo fiel a los temas que le interesan: esta vez retratará un embarazo.

-Resumiéndolo mal y rápido, si Boyhood utilizaba a un actor infantil durante años, aquí Carlos ha hecho algo parecido a Linklater pero durante nueve meses. María Rodríguez, mi mujer en la vida real, estaba embarazada y podíamos filmar los cambios en su cuerpo. Grabamos eso ,pero tenemos personajes distintos a nosotros, yo soy un abogado muy serio. Interpretamos a una pareja que se conoce desde hace poco tiempo y que afronta un embarazo por error. El proyecto no tiene nada que ver con 10.000 km y con Tierra firme, aunque hable en cierto modo de lo mismo, de las relaciones y de las renuncias que éstas conllevan.

-Tras tantas colaboraciones con Marques-Marcet, ¿qué destacaría como su principal virtud?

-Diría que trabaja mucho, incluso hasta el punto de que uno diga a veces: Venga, vale ya, ¿en serio hacen falta 17 tomas? Pero luego ves la película y tienes que callarte. Te puede interesar más o menos su cine, pero sus actores siempre están bien. Y hay algo interesante en el método: él tiene muy claro lo que quiere, pero se las arregla para que tú llegues a eso por tus propios medios, te va guiando pero nunca te dice lo que debes hacer. Tenemos mucha confianza, y con él es como rodar en zapatillas, como rodar en casa. Hay quien trabaja bien bajo presión, pero a mí se me da mejor si es con gente a la que aprecio, con alguien que trate bien al equipo.

-En una entrevista, hace unos años, decía que el inglés era su asignatura pendiente. Y aquí tiene muchos diálogos en ese idioma.

-Sí, y creo que en esa entrevista confesaba que también debía trabajarme los tríceps [ríe]. Con el inglés me he puesto un poco las pilas, pero no estoy al nivel que me gustaría. En la película no puedo decir que me luzca, en ese sentido, porque Carlos me obligaba a hablarlo en plan latino. Es un tema en el que habrá que insistir. Ya tengo la suerte de hablar catalán y castellano, y cuantos más idiomas hables más puertas se te abrirán.

-Este mes ha vuelto al teatro, en Barcelona, con Un cop l'any, una comedia romántica que protagoniza con Mar Ulldemolins.

-Es una adaptación de una película que se llama Same Time, Next Year [El próximo año, a la misma hora, una cinta de 1978, dirigida por Robert Mulligan y con Alan Alda y Ellen Burstyn]. Es la historia de dos amantes que se encuentran una vez al año durante un cuarto de siglo. La obra de teatro se centra en seis momentos de esos dos personajes, y es un gustazo porque empezamos como veinteañeros y la acabamos en la cincuentena, y el espectador va descubriendo que no es la típica comedia romántica que promete en un principio, que esa relación ayuda a los protagonistas a conocerse más, a mantener a sus parejas y sus familias. Hace una semana que hemos estrenado y parece que va bien de público, aunque con este tema del procés había bajado un 70% la ocupación de los teatros, lo que era una locura. Por fortuna ahora parece que se ha estabilizado. Al frente del montaje está Àngel Llàcer, que es un gran director, no tiene nada que ver con el personaje de la televisión.

-Visto desde fuera, su 2017 se antoja memorable. También estrenó Verano 1993 , sin duda uno de los títulos de la temporada.

-Hay una frase muy bonita que dice que actuar es una cosa maravillosa siempre que no te pillen haciéndolo, y en Verano... era importante que no se viera nuestro trabajo. Teníamos a esas niñas que desprenden tanta verdad; si a Bruna [Cusí] o a mí nos salía la vena del actor, esta cosa del ego de voy a lucirme, a ver como salgo en plano la fastidiábamos. Era casi como un documental, teníamos que hacer de padre y de madre de ellas, estar ahí para ayudar a la historia y a las niñas, poco más. Una vez me preguntaron cómo me sentía al ser parte de películas tan indies, de proyectos que molan tanto. Tengo mucha suerte, sí, pero para Verano..., por ejemplo,hice un casting. Vendrán películas peores, que un actor tiene que comer, pero ahora mismo soy afortunado.

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