"Viajamos llenos de prejuicios, faltos de entusiasmo y escépticos"

  • El autor y periodista gaditano, residente en Sevilla, aúna dos de sus pasiones, Borges y Sicilia, en un singular libro de viajes publicado por la editorial Almuzara

¿Cuál es la vigencia hoy de la literatura de viajes? "El problema es que estamos saturados y nuestra capacidad de sorpresa ha quedado mermada. Prácticamente ya lo hemos visto todo antes de llegar al lugar al que vamos, y vamos además llenos de prejuicios, faltos de entusiasmo y escépticos -afirma Alejandro Luque-. Pero el verdadero viaje, por pedante que suene, es al interior de uno mismo. El punto de partida y el de llegada, el medio de locomoción o las paradas que hagas no me preocupan. El viaje que plantea preguntas y algunas respuestas no permite atajos ni rutas preconcibidas. Lo tienes que hacer tú, nadie lo puede hacer por ti, no es intercambiable", añade.

Las palabras del escritor y periodista gaditano, afincado en Sevilla desde hace unos años, vienen a cuento de Viaje a la Sicilia con un guía ciego (Almuzara), libro con el que ganó el I Premio Internacional de Libros de Viaje Hotel Monasterio de San Miguel Puerto de Santa María y en el que realiza un particular periplo por la isla italiana visitando los lugares en los que el fotógrafo Ferdinando Scianna retrató a Jorge Luis Borges. "Por circunstancias personales, una novia que se fue de Erasmus a Sicilia, hice tres viajes a la isla en 2004 y me nació esa pasión", explica Luque.

Similar entusiasmo había demostrado el autor por Borges en el ensayo Palabras mayores. Borges/Quiñones. 25 años de amistad, en el que utilizó, en el mejor sentido, al bonaerense -"de sobra estudiado", dice- para tirar del carro que entonces le interesaba, el de Fernando Quiñones. El guía ciego cumple aquí una función parecida, es el "pretexto" que sirve a Luque para explorar la isla, en la que también ambientó los relatos de La defensa siciliana (Algaida), aunque su pasión borgiana es igual de sincera que la siciliana. "Ese fanatismo que tenemos hacia ciertos escritores nos hace perder de vista lo verdaderamente importante, que es su obra. Borges se presta mucho a eso, sus fans, como los de Joyce, nos quedamos en la anécdota, en el chascarrillo, en el mito superficial. Nos llenamos la cabeza con todo eso y perdemos de vista lo esencial: su obra. Todo el mundo lo da por conocido. De una forma no explícita quería subrayar eso en el libro: deja tanto rollo borgiano y vuelve sobre lo que importa, los cuatro tomos de su obra completa publicados por Círculo de Lectores", aconseja.

Alejandro Luque conocía el trabajo de Ferdinando Scianna con Borges, así que cuando supo de una exposición suya en la Casa de América de Madrid, allí se plantó. "Le conté que había hecho un viaje por Sicilia siguiendo sus fotos y se rió mucho con la historia -recuerda-. Cuando me dieron el premio lo llamé y me dijo que me cedía las fotos. Que un tío que entró en la agencia Magnum de la mano de Cartier-Bresson consienta que sus fotos salgan en el libro de un mindundi como yo, eso es fantástico".

En torno a esos tres elementos monta Luque su fascinado relato, sobrevolado por una pregunta inevitable. "Aunque sea la mayor isla del Mediterráneo no deja de ser un sitio pequeño, pero nos ha dado escritores como Lampedusa, Pirandello, Sciascia, Bufalino o Camilleri, que ha dado su cine y su arte... Algo tiene que tener y ése es el misterio que he querido desentrañar: ¿de dónde sale toda esa belleza, de qué pozo de miseria y de horror empezó a salir?", se interroga.

De un sitio, a la postre, tan hermoso como terrible, y acaso sin solución. "En Sicilia la gente tendría que volver a creer en las instituciones y en ella misma", reflexiona Luque, que apunta otra solución a lo que parecen males endémicos. "La dio Italo Calvino: la única forma de combatir el mal es localizar lo que no sea el mal e intentar que dure, que cunda, que se desarrolle, y preservarlo", dice el escritor.

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