Viejas olas en la Croisette

  • Mañana arranca Cannes, marcado por el conservadurismo en la selección de autores de la Sección Oficial El español Jaime Rosales regresa a 'Una cierta mirada' con 'Hermosa juventud'

Enemigos íntimos del cinéfilo más exigente, la programación y el palmarés de Cannes vienen deparándonos últimamente pocas alegrías (recordemos a Pedro Costa en la Sección Oficial o la gloriosa Palma de Oro al tailandés Apitchapong) y tal vez demasiadas decepciones (de Michael Moore a El viento que agita la cebada de Loach pasando por el doblete de Haneke) en un descompensado equilibrio entre la necesidad de mantener en el escaparate a los hijos pródigos, criados y amamantados a lo largo de los años, con la obligación de arriesgar y marcar las tendencias del cine de autor del futuro.

El planteamiento de la edición de 2014 se nos antoja amarrategui por no decir catenazzo, y no precisamente porque en ella concurra de nuevo Jean-Luc Godard, que tras adelantar algunos destellos en el corto Les trois désastres, desembarca ya con Adieu au langage, un filme cuyo título preludia una nueva reflexión audiovisual, ahora en formato tridimensional, sobre esta crisis del presente que es mucho más grave que una mera crisis económica o de mercados. Uno tal vez hubiera deseado no ver al maestro compitiendo junto a otros habituales aspirantes a la Palma de Oro como los Dardenne, Loach, Assayas, Bilge Ceylan, Leigh, Cronenberg o Hazanavicius. No tanto porque de algunos de ellos no puedan esperarse buenas películas, sino por el hecho evidente de que nada tiene que ver ya el cine-pensamiento de Godard, su síntesis lírico-filosófica, con ese espíritu netamente festivalero que distingue el resto de la selección de nombres y títulos que estarán a su lado.

Los hermanos belgas prosiguen con el reciclaje de su fórmula realista normalizándola poco a poco a golpe de estrellas. Si en El niño de la bicicleta era Cécile de France, en Deux jours, une nuit le toca protagonismo redentor a Marion Cotillard. Algo parecido le ocurre a Olivier Assayas, que se apoya en el valor seguro de Juliette Binoche para su reescritura de Eva al desnudo en Sils Maria. Desconcierta ver a Bernard Bonello como director de un filme sobre Yves Saint Laurent, el segundo que se hace este año. En todo caso, los precedentes (con la estupenda Casa de tolerancia aún en la memoria) hacen prever que no será la suya una versión académica de la vida del famoso modisto.

La nutrida representación francesa de la Sección Oficial, al margen del temible biopic sobre Grace Kelly protagonizado por Nicole Kidman que inaugura el festival, se completa con el regreso de Michel Hazanavicius, quien lejos de la coartada de la imitación del mudo de The Artist, se enfrenta ahora al Holocausto en The search, remake de Los ángeles perdidos, de Fred Zinnemann, que vuelve a estar protagonizado por su esposa y musa Bérénice Bejo.

Reino Unido trae a dos de sus pesos pesados de su tradición social y realista: Ken Loach vuelve a aspirar a la Palma de Oro con Jimmy's Hall, mientras que Mike Leigh regresa con su ansiado proyecto biográfico sobre el pintor Joseph M. W. Turner protagonizado por Timothy Spall.

Es toda una incógnita (lo cual, a priori, no es mala noticia) la película italiana Le meraviglie, de Alice Rohrwacher, que junto a la rusa Leviathan, del también habitual Andrey Zvyagintsev, completan el lote europeo en un concurso en el que la cinematografía canadiense tiene hasta tres posibilidades de premio: el veterano e inspirado David Cronenberg se sumerge en la puerta trasera de Hollywood con Maps to the stars, que vuelve a estar protagonizada por el teen idol Robert Pattinson; Atom Egoyan, otrora valor festivalero hoy en horas bajas, vuelve a Cannes con Captives; mientras que el enfant terrible Xavier Dolan entrega ya su quinta película con apenas 25 años: Mommy, sobre la relación entre una madre viuda y un hijo conflictivo.

Apenas dos cintas norteamericanas aparecen este año a concurso: Foxcatcher, de Bennett Miller, un nuevo drama ambientado en el mundo del deporte, y The homesman, el segundo largo de Tommy Lee Jones, un western protagonizado por él mismo, Hilary Swank y Meryl Streep del que se esperan, cómo no, esencias clásicas.

El turco Nuri Bilge Ceylan (Winter sleep), la japonesa Naomi Kawase, que cuenta con dinero español de Luis Miñarro para Still the water, el argentino Damián Szifron (avalado por El Deseo para sus Relatos salvajes) y el malí Abderrahmane Sissako (Timbuktu) completan el habitual panorama internacional de la selección que tendrá que ser valorada por un jurado presidido por la neozelandesa Jane Campion y en el que también estarán Sofia Coppola, Jia Zhang-ke, Willem Dafoe, Carole Bouquet, Leila Hatami, Gael García Bernal, Nicolas Winding Refn y la actriz coreana Jeon Do-Yeon.

De la ya habitual escasa presencia española en el festival cabe destacar el regreso de Jaime Rosales a Un certain regard con Hermosa juventud, su mirada a los efectos de la crisis sobre la juventud española, que tendrá que vérselas con los nuevos filmes de Lisandro Alonso (Jauja), Matthieu Amalric (La chambre bleue), Pascale Ferran (Bird people), Jessica Hausner (Amour fou), Ryan Gosling (Lost river) o el veterano Wim Wenders, que trae su documental sobre el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado The salt of the earth.

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