Virtuosismo hacia la tierra

Baile y dirección artística: Mercedes Ruiz. Guitarra y dirección musical: Santiago Lara. Cante: El Londro, Miguel Ortega. Percusión: Perico Navarro. Lugar: Sala Joaquín Turina. Fecha: Jueves, 15 de diciembre. Aforo: Casi lleno.

La nueva Mercedes Ruiz es la que vimos en los caracoles y en el final de las bulerías. Una bailaora que sigue siendo frenética, afilada, percusiva, pero que no le teme al giro de muñecas, a la sonrisa, a la mirada cómplice. Que maneja la bata de cola, estrenada en la Sala Joaquín Turina, con naturalidad y solvencia, sin complejos. El trapo, como le llama la maestra Matilde Coral, impone una forma de mirar, de bailar. Pone en primer plano las formas tradicionalmente femeninas de la danza, con las que Ruiz parecía enojada hasta no hace mucho: muñecas, caderas, cabeza, mirada. Incluso llegó a desmelenarse en la bulería, estilizando el baile tradicional íntimo, grupal, de su tierra.

La farruca simbolizó la antigua Mercedes Ruiz. Un baile de fuerza, intenso, frenético, hipercoreografiado y masculino. Un estilo que sólo funciona en el baile de mujer en el caso de alguna intérprete genial.

Una Mercedes Ruiz de pequeño formato, con dos voces muy distintas, el potente y social Miguel Ortega y el más recogido y cálido Londro que estuvo natural y muy sutil en los pregones. El sostén, tanto rítmico como armónico, de todo el edificio, es el toque de Santiago Lara, cada vez más poderoso, más sólido, más telúrico. Sin abandonar la imaginación y el virtuosismo.

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