Vivir en el límite (y a distancia)

  • El sevillano Fernando Franco, montador de 'Blancanieves' o 'Bon appètit', concluye el rodaje de su primera obra como director, 'La herida', un retrato psicológico de una mujer con un trastorno mental.

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En 2008, cuando Fernando Franco aún andaba buscando alguna buena historia, Artium, el Centro de Arte Contemporáneo de Vitoria, lo invitó a participar en una exposición colectiva sobre la noción  genérica de límite junto a Jaime Rosales, Isaki Lacuesta, León Siminiani y Luis Alejandro Berdejo. Franco, nacido en Sevilla en 1976, licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, donde empezó a rodar sus primeros cortos, y desde hace años afincado en Madrid, en cuya Escuela de Cinematografía (ECAM) dirige la especialidad de montaje,  empezó a trabajar en el encargo, pero pronto se dio cuenta de que, "también por motivos éticos", puesto que el tema era el trastorno límite de la personalidad, la pieza encontraría mejor acomodo en el ámbito de la ficción. 

De ahí nació La herida, la primera película como director del sevillano, que hasta ahora ha desarrollado su carrera profesional (creativa) como montador; No tengas miedo, de Montxo Armendáriz, Bon appètit, de David Pinillos, o la muy agasajada Blancanieves, de Pablo Berger, entre otras muchas películas, le deben a él su respiración, su tempo. Después de cinco semanas de trabajo entre San Sebastián y Madrid, el rodaje finalizó hace unos días y ahora se encuentra ya en su fase de montaje, labor de la que se encargará precisamente David Pinillos.

"Es un amigo cercano, me entiende bien, y no se me hace raro dejarlo en sus manos porque eso es justo lo que quería: preservar la distancia respecto al material filmado, para que aporte una mirada más limpia. Como montador me gusta que el director me deje hacer, así que ahora es bueno que me lo aplique a mí también", explica Franco, que se considera "cineasta en un sentido amplio". "Montar es mi oficio, pero el cine me gusta en cada una de sus facetas y no me veo sólo como montador, creo que es un arte de vasos comunicantes". 

"Me di cuenta de que no era buena idea hacer una pieza audiovisual", dice el cineasta sobre el origen de La herida, "entre otras cosas porque la gente que se involucraba en ella agudizaba su comportamiento, se volvía aún más autodestructiva, así que decidí usar toda la documentación, toda esa investigación previa en la ficción", dice el sevillano, al que siempre le han interesado "las cosas subterráneas" y el "cine de retrato psicológico", especialmente obras como Mouchette, de Robert Bresson, Cleo de 5 a 7, de Agnès Varda, Sue, de Amos Kollek, o Rosetta, de los Dardenne. Títulos que no pretende en ningún caso emplear como rígidas plantillas para su propio trabajo, pero que sí aportan pistas sobre su manera de concebir y sentir el cine.  

Poco después de este replanteamiento entró en el proyecto la actriz Marián Álvarez, protagonista absoluta de la cinta, en cada uno de cuyos planos aparece. Una decisión meditada, tomada a priori por él y por Enric Rufas, este último colaborador habitual de Jaime Rosales, ambos responsables del guión del filme, en el que la estética del cine documental, explica Franco, es fundamental. "Me interesa mucho, sobre todo el que se hizo en los años 70. De ahí que toda la película esté construida en torno a planos secuencia y filmada en 16 mm. Quería recrear el tiempo real, que el espectador siguiera de verdad al personaje", continúa el autor, al que le preocupa que "contenido y forma vayan de la mano" sin que ello signifique que sea un cineasta "cerebral", y que insiste en que su largometraje aborda el tema de la enfermedad mental pero en ningún caso "con vocación de hacer tesis". "Es un retrato de una persona concreta, que se enfrenta a una serie de vicisitudes por padecer ese trastorno, pero no es una película sobre ese trastorno", añade.

"Yo lo que quiero es hacer películas honestas. ¿En qué sentido? Pues en el sentido de no situarme nunca por delante o por encima del espectador. De tratar un tema o un personaje de la manera más honesta posible, como lo sientes tú e intentando que eso llegue a los demás sin tener que adulterarlo, sin usar trucos. En La herida he intentando que todo tenga ese rigor. El seguimiento del personaje se hace a una distancia, y quería que esa distancia no se alterara en función de los momentos dramáticos... En este sentido, para Marián fue un reto de gran exigencia, y su trabajo ha sido excepcional", dice Franco, que por "inquietudes", mucho más que por "los temas" o por cualquier tentativa de sentimiento generacional, se siente cercano a Rosales, Lacuesta o cualquier otro cineasta citado en este texto, pues con todos ellos, recuerda, prevalece además el vínculo de la amistad.  

La película, con un presupuesto de 900.000 euros y el apoyo del Ministerio de Cultura, el Gobierno vasco y su televisión pública entre otras instituciones, cuenta también con las interpretaciones de Ramón Barea, Manolo Solo, Rosana Pastor, Andrés Gertrudix y Ramón Agirre. El estreno no tiene fecha definitiva pero será en otoño. "Queremos presentarla en festivales. Si alguno la selecciona, ya la fijaríamos... Creo que la película debe entrar por esa vía festivalera", añade Franco, al que le encantaría ver su trabajo seleccionado en los certámenes de San Sebastián, o en los de Locarno y Venecia, entre los internacionales.

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