La Voz al servicio de este arte

No era el género estrella de su repertorio, desde luego. Pero siempre se acordó del flamenco, de sus orígenes como cantaora de fandangos de Huelva, cuya ejecución le valió sus primeros premios en el mundo del arte y su debut en los tablaos madrileños de los sesenta. Nunca se olvidó del fandango onubense, llegando a grabar varios discos genéricos. Ni del flamenco: grabó una antología a finales de los setenta. De esos discos antológicos se ha recogido un ramillete de cantes aquí presentados, de donde resulta la abrumadora mayoría de fandangos onubenses, un estilo que siempre solía incluir en sus recitales, como pincelada exótica y pausa en el devenir de la canción sentimental y melódica que era su fuerte. En este disco se acuerda también de la Niña de los Peines, María Borrico, Antonio Chacón, etcétera. Y es que, aunque predominan los fandangos, la recopilación presenta una estimable antología de palos: bamberos, tientos, tarantas, granaínas, seguiriyas, etcétera. La cantaora grabó, asimismo, un intento de ópera pop flamenca contemporánea con El Lebrijano y Manolo Sanlúcar. La propuesta se llamaba Ven y sígueme, y aquí se nos ofrecen algunos ejemplos de la misma. La voz luminosa, fresca, poderosa, de la cantante, al servicio del flamenco. Eso sí, de los guitarristas, ni mención hay. La edición se completa con un DVD con video-clips kitch de los setenta y fragmentos de conciertos.

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