William Forsythe regresa al Central

  • El Real Ballet de Flandes representa este fin de semana en Sevilla 'Impressing The Czar' · El título más emblemático del coreógrafo neoyorquino retorna al mismo espacio en el que se vio en 1992

Los que tuvimos la suerte de presenciar Impressing The Czar en el Teatro Central, en junio de 1992, sufrimos una especie de shock desestabilizador, unido a un placer pocas veces igualado con anterioridad. Y es que, a excepción del escenario de Itálica, en Sevilla se conocían los últimos desarrollos de la danza internacional sólo por las páginas de las escasas revistas especializadas que existen. La monumental pieza, creada por el americano William Forsythe en 1988 para el Ballet de Francfort (del que fue director de 1984 a 2004) y dividida en tres actos y cinco escenas, nos ofrecía una travesía llena de humor, de violencia, de surrealismo, por los signos que ha dejado la historia de la danza en la civilización occidental, desde el Renacimiento hasta nuestros días. Tachado de posmoderno, de surrealista, de provocador y de mil cosas más, de lo que no cabe duda es de que Forsythe, como Pina Bausch -la creadora del denominado teatro danza- lleva toda su vida realizando espectáculos metadancísticos, es decir que, con excepción de algunas piezas en las que se ha sentido desbordado por acontecimientos externos, como sucede con su reciente trilogía Three Atmospherics Studies (2006) sobre la guerra de Irak, la danza constituye el tema central de todo su trabajo coreográfico.

Con una gran formación clásica, y tras bailar y coreografiar durante una década en el Ballet de Stuttgart, antes de lograr su residencia en el Ballet de Francfort, el neoyorquino -al igual que había hecho antes la Bausch- se da cuenta de que la danza clásica representa ideas de épocas pasadas -las del siglo XIX- que no tienen ya ninguna validez política ni ideológica y que no se deben representar hoy puesto que la mejor de las danzas es la que no expresa otra cosa que a sí misma. A partir de esa certeza, y con una inteligencia fuera de lo común, el coreógrafo se ha dedicado a tratar de eliminar de sus bailarines el lenguaje memorizado de la escuela y de sus piezas la centralidad que dictan las reglas clásicas. Una tarea desestabilizadora que, sin embargo, no lo conduce al caos sino a una violenta transformación de las rígidas geometrías del ballet clásico por otras más intuitivas y más ligadas a la arquitectura moderna y a la irregular geometría del cuerpo humano.

Entre las piezas más conocidas del creador, realizadas tanto para su Ballet como para las compañías más prestigiosas de todo el mundo, se encuentran Artifact (1984), The Loss of Small Detail (1990), que visitara el Festival de Otoño de Madrid en 2003, Limb's Theorem (1991), que podremos ver en junio en el Teatro de la Maestranza interpretada por el Ballet de Lyon, Alie/nA(c)tion (1992), Endless House (1999) o Quintet (2008), realizada para la Compañía Nacional de Danza.

Dieciséis años después, este viernes y este sábado, una nueva generación de aficionados a la danza tendrá la oportunidad de conocer en vivo, de la mano del Ballet de Flandes, el ya casi mítico Impressing The Czar. Como en la anterior ocasión, la cita es en el sevillano Teatro Central.

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