Crítica de Cine

Willis queda por debajo de Bronson

En 1972, durante la ola criminal que azotó a muchas grandes ciudades de los Estados Unidos en los años 70 y 80 e inspiró un año antes Harry el sucio, a su vez inspirada en los crímenes del asesino del Zodíaco que Fincher filmó en Zodiac, Brian Garfield -autor de novelas populares policíacas y del Oeste- publicó con enorme éxito Death Wish. En ella un liberal y pacífico ciudadano se convertía en un reaccionario y fiero vengador tras labrutal y mortal agresión sufrida por su mujer y su hija. Dos años más tarde Michel Winner la llevaba al cine con un guión del gran Wendell Mayes (El héroe solitario, El árbol del ahorcado, Anatomía de un asesinato, Primera victoria, Tempestad sobre Washington), una extraordinaria partitura de Herbie Hancock y Charles Bronson como intérprete iniciando su popular y cutre-hortera serie de películas de vengadores que obtuvieron gran éxito popular, siguen emitiéndose con regularidad por televisión y se pueden disfrutar tantos años después como perlas del cine kitsch.

En tiempos de cine comercial de poca imaginación y sequía de guionistas le toca el turno del remake a esta Death Wish que en España se llamó El justiciero de la ciudad. La reescribe, actualizándola con algunos toquecitos políticamente correctos sobre el demonio de las armas, la escuela de muerte que puede ser internet y lo feo que está tomarse la justicia por su mano, el mediocre Joe Camahan que ya se ocupó de la nueva versión de El equipo A. La dirige el pegaplanos Eli Roth de vergontante filmografía: las truculentas Hostel e Infierno verde y la fallida Toc. Toc. Y la interpreta Bruce Willis -hace mucho tiempo convertido en su propia caricatura- ocupando el lugar de Charles Bronson. Ruidosa, efectista, vacía y entretenida para quien no pida mucho, se le puede reprochar el peor error de una segunda versión: no mejorar, reinterpretar o siquiera igualar a la primera.

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