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Organizado por la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla, se retoma este ciclo, ahora en la Sala XIII del Bellas Artes, un espacio más adecuado, por tamaño y acústica, que el utilizado hace dos años (aunque no ideal, pues el sistema de refrigeración produce un zumbido permanente que resulta muy molesto). La apertura no pudo ser, en cualquier caso, más brillante. Carlos Mena, tan felizmente conocido ya en Sevilla, se presentaba ahora con su conjunto de cámara recién fundado, Mensa Harmónica, que forman colaboradores habituales de la Barroca, con un programa en torno al Nápoles de la primera mitad del XVIII.

Un par de cantatas de Alessandro Scarlatti, arias de un oratorio de David Pérez (napolitano, pese al nombre) y la Salve Regina que Domenico Scarlatti escribió pocas semanas antes de su muerte en Madrid conformaban la parte vocal de un excitante recital completado por una breve Sinfonía de D. Scarlatti y el más conocido de los Concerti a quattro de Durante. La interpretación estuvo dominada por el contraste y el dramatismo. Para Mena no parecen existir los compromisos menores. En cada actuación da el máximo, y eso lo agradece el buen aficionado sevillano, que vive sus visitas como un regalo. Por potencia, proyección, dominio técnico, calidez, elegancia, expresividad y exquisitez ornamental, sus prestaciones resultaron apabullantes.

Música virtuosística cantada con una naturalidad y una seguridad prodigiosas y acompañada de forma extraordinaria, con un sentido ardiente y vigoroso de la música, que no entorpeció en ningún momento el perfecto control sobre el empaste, la claridad y la fluidez del fraseo y que se hizo aún más intenso en la obra de Durante, magníficamente contrastada entre el delicado lirismo de los tiempos lentos y la exuberante vitalidad de los rápidos.

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