rocío molina. bailaora y coreógrafa

"Me he aceptado, con todos mis ángeles y mis demonios"

  • La malagueña presentará el 2 y 3 de marzo en el Teatro Central su último montaje, 'Caída del cielo', estrenado hace un año en el parisino Teatro Chaillot

Rocío Molina (Vélez-Málaga, 1984), en una representación de 'Caída del cielo'. Rocío Molina (Vélez-Málaga, 1984), en una representación de 'Caída del cielo'.

Rocío Molina (Vélez-Málaga, 1984), en una representación de 'Caída del cielo'. / julio gonzález

-Leí que esta obra nace de donde nace la vida, de su útero, de sus ovarios, y fue por una experiencia que tuvo en un taller en una cárcel de mujeres en París, ¿es así?

-Sí, bueno es así en una parte. Ocurrió algo que se me quedó muy dentro... Efectivamente, en aquel taller una mujer que nunca iba a salir de prisión hizo el gesto de llevarse las manos a sus ovarios cuando le pregunté que de dónde sacaba la fuerza para levantarse por las mañanas. Se me quedó dentro aquello y, a partir de ahí, empecé a sentir ese tipo de fuerza o, diría, también de amor. Esa fuerza fue creciendo cada vez más y aunque por aquella época no estaba montando Caída del cielo, de hecho cuando empecé habían pasado tres años de aquello, sí es cierto que fue esa fuerza la que fue creciendo e impulsándome, pero Caída no es sólo eso, aunque desde el centro hasta el final aparezca ese sentimiento muy de mujer.

-Entonces, ¿qué más es?

-Es más una obra concebida como un díptico de dos polos totalmente opuestos, como dos caras de una misma moneda. Está muy en el imaginario de El Bosco y El Jardín de las Delicias. Así, por un lado, tenemos la belleza y la perfección del paraíso, tanta perfección que hasta te puede aburrir, pero luego hay una ruptura y se contrapone toda esa perfección con una caída infernal que es la que yo elijo porque es donde más me reconozco en el vivir, porque es un lugar donde se permite todo, donde se mezcla todo, donde se ríe, se llora, donde se elige estar vivo aceptando que con ello te acercas cada vez más a la muerte y al dolor.

-Es que no se puede salir intacto de la vida, de la caída en este caso...

-De la caída sales herida, te autodestruyes, de hecho, la obra a mí me autodestruye mucho por todo lo que implica emocionalmente pero me hace sentir más viva y mejor aunque me esté destrozando. Es algo que se convierte en muchísima energía, mucha, es un derroche.

-Entiendo que hasta físicamente es un trabajo duro.

-Sí, es más, de todas mis obras creo que es la más exigente. Es muy físico por esa ruptura de la verticalidad, por esas caídas al suelo... Los bailaores no estamos preparados para el trabajo de suelo, así que es difícl. Y emocionalmente, como en cada obra, dejo un cacho de mi persona ahí, pierdo un poco de mi persona, como que voy muriendo también. Cuando hago Caída a veces no puedo casi dormir porque estoy en un estado de subidón y destructivo, te duele todo.

-Pierde un poco, muere un poco, dice, ¿y qué se queda?, ¿cuál es la lección ganada en 'Caída'?

-He aprendido un montón de Caída, a ponerme ante un proyecto sin saber lo que era, el ponerme ante el abismo y hacer un trabajo de confianza en las personas y en el equipo. Ha sido un aprendizaje muy bonito. He aprendido, sobre todo, a aceptarme, con todos mis ángeles y mis demonios, y convivir con ellos.

-"Acompañados por el cielo de Carmen Amaya, Camarón de la Isla, Enrique Morente y Paco de Lucía", afirma la ficha de este espectáculo. ¿Se siente heredera o legataria de estos nombres?

-Hombre, yo no puedo compararme con esos dioses pero en Caída hay referencias a ellos, están de forma diferente cada uno, pero aparecen. Nos hemos creado nuestro propio limbo en ese paraíso (ríe) y, por su puesto, están en mi alma y en la de todos los músicos.

-Al nombre de Rocío Molina lo acompaña siempre la apreciación de "radicalmente libre". ¿Cuánto pesa, cuánto cuesta mantenerla?

-Suena bien lo de radicalmente libre y da mucha satisfacción luego pero cuesta. El recorrido para conseguir la libertad es difícil porque tienes que escucharte mucho y aceptar cosas de ti que tampoco te gustan. Tienes que mostrar todo, también la parte fea de ti. Tienes que tener valentía y descubres que te da miedo... Es una lucha y una angustia, pero cuando lo ves en forma de arte te acuerdas de que merece la pena. Cuesta mantenerse firme cuando la tierra tiembla, pero es el camino que me gusta.

-¿Y el ruido de afuera le afecta mucho?

-A mí no me importa, de hecho, me diverte a veces. Lo que sí tengo mucho cuidado de quién dejo que me aconseje. Intento que sea gente muy exigente y personas que me quieran pero nunca busco la crítica fácil, no me convence, prefiero el silencio antes de cuatro palabras fáciles. Lo demás no me importa, ni los críticos, ni el público, de hecho, tienen que tener la libertad de sentir y de expresarse, de decir esto me ha gustado y esto no me ha gustado, es más, si yo hago lo que me da la gana en el escenario es normal que opine que tienen que tener la libertad para sentir lo que quieran.

-Como creadora, ¿qué es lo que encuentra en Francia que no tiene España?

-La diferencia es la conciencia que tienen ellos de que la cultura tiene una labor muy importante en la vida de las personas. La diferencia es que acompañan al artista en toda su trayectoria, no es una obra concreta ni con la expectativa de que hagan la mejor obra sino entendiendo el proceso creativo. La diferencia es que dan apoyo de espacios, de libertad de expresión y apoyo económico. Y en España esto no se entiende de esa manera... Y es una pena.

-Rocío, ¿por qué el flamenco?

-Mi madre era bailarina de ballet y yo empecé con el ballet y el flamenco a la vez, pero con el flamenco la sangre me hervía de otra manera. Yo hacía El lago de los cisnes y me encantaba pero me ponían una guitarra y un cantaor y ahí ocurrían otras cosas dentro de mí, cosas muy diferentes... Y ya está, me dejé guiar por eso.

-¿Y dónde coloca al flamenco con respecto a todos los lenguajes que domina y exhibe en sus propuestas? ¿Dentro de ellos, por encima de ellos, alrededor de ellos?

-Para mí el lenguaje, el arte y el sentimiento del flamenco es la base, si yo no tengo eso no llego al estado que necesito. Es el flamenco el que me lo da. Luego llego a un estado en que el cuerpo se sale y que me eleva mucho más, es una especie de trance, pero sin esa base del flamenco, sin el cante, sin la guitarra, no hay trance, no hay nada, no llegaría ni a la mitad de lo que es mi baile.

-Premio Nacional cuando tenía 26 años, ha bailado en los más importantes teatros del mundo, reconocida como una de las creadoras y rompedoras más influyentes de los últimos tiempos... ¿A esa niña que le hervía la sangre se le pasó esto por la cabeza?

-No, la verdad, para nada... Yo no soy de tener como grandes sueños, aunque parezca mentira, siempre me conformo y siempre siento que recibo mucho más de lo que yo espero, porque nunca soñé con un Premio Nacional, ni con tal teatro grande... Yo solo con poder bailar, aunque sea en el estudio de mi casa invitando a mis amigos y a mi familia, ya soy feliz. Luego, todo lo demás, es una gran suerte que cada día lo valoro y que me hace muy feliz mostrárselo a tanta gente.

-¿Qué nos puede contar del nuevo espectáculo en el que está trabajando?

-Pues estamos ahí trabajando en ello y se estrenará en el verano de 2018, y llevo desde este verano a tope... Están la Rocío persona y la Rocío artista mezcladas, que siempre están ahí las dos, pero esta vez como nunca. Es un proyecto muy loco que sólo tendrá tres meses de vida, es muy particular, muy peculiar y ya veréis por qué... Es que no sé ponerle nombre porque estoy trabajando con cosas que no sé ni cómo manejar. Es muy comprometido... Ya iré avanzando cositas en los próximos meses.

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