Crítica de Flamenco

El asesinato como arte

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Un concierto diferente, como era de esperar dada la personalidad de su protagonista. En lugar de cerrar con la consabida bulería lo hizo con una copla, Ojos verdes. Van der Sman exploró las posibilidades armónicas y rítmicas de la composición de Quiroga. Cuando la estrenó alguien le dijo que había cometido un asesinato. En efecto, si entendemos el asesinato como una de las Bellas Artes. Un cadáver exquisito que devuelve la frescura y el carácter a una pieza sepultada por toneladas de caspa y polvo. La minera se abrió también a otras posibilidades con unas disonancias luminosas y las alegrías fueron claras, íntimas, buen rollo. Van Der Sman es un guitarrista con un sonido propio que a veces se nos presenta de puntillas, con unos pianos juguetones. Un músico luminoso, fresco. También puede ser contundente como vimos en bulería y rumba. De esta manera se cerró la parte estrictamente solista, mostrando en el resto del recital que es un guitarrista superdotado y sensible para acompañar al cante y al baile. En la primera faceta cerró la bulería, porque quiso, porque es un gustazo, por soleá de Triana en la voz de Segura. López tuvo un par de apariciones fulgurantes. Demostró que el ballet flamenco puede ser la vanguardia de la danza española. Luego, con los tacones, estuvo sensual, poderosa, de limón y miel.

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