Un asunto de mujeres

IV Noches en el Palacio de la Buhaira. Acteatro. Dirección y adaptación: Adolfo Carmona sobre el clásico de Eurípides. Diseño y ejecución de vestuario: Chari Sierra. Diseño iluminación: Adolfo Carmona. Música: Fran Ramírez. Maquillaje y peluquería: María del Mar Ayllon. Intérpretes: Mar Garrido, Paco Domínguez, Rosa Martín, Eva de la Rosa, Lidia María Jaime, Javier Martín, Ana Perea, Aurelio Conde, Mónica Gutiérrez. Lugar: Palacio de la Buhaira. Fecha: Sábado 23 de junio. Aforo: Un tercio.

El azar veraniego jugó a favor de las troyanas de Adolfo Carmona, quienes además de afrontar la desmedida hybris de los vencedores griegos tuvieron que alzar sus voces sobre los ruidos de la celebración futbolística. Así, si el España-Francia que se jugaba el sábado -fecha de la primera función de un espectáculo que también se pudo ver ayer- restó público al teatro clásico, le terminó regalando un insospechado y simbólicamente afortunado aliciente escénico... ya que ni gritos ni pitidos desconcentraron a Hécuba y las suyas, firmes en sus posados escultóricos y controladas en el recitado de lamentos.

Adaptada al espacio del Palacio de la Buhaira -por lo que sabemos el montaje original es, digamos, multimediático-, Las troyanas de Acteatro fue sobre todo un espectáculo de buenas y prometedoras actrices (bajo la guía de una excepcional Hécuba, Mar Garrido en impecable actuación), las principales beneficiarias del trabajo de Carmona, que aligeró el texto original rebajando los monólogos y apostando por una fluidez que incomodara menos al público.

Y siendo éste su primer trabajo como director y adaptador, sólo cabe felicitarlo, ya que buena parte de que la obra funcionase bien tuvo que ver con la manera en que los actores habitaban la escena (sus entradas, salidas y movimientos), la recia firmeza de esa sutil coreografía. Curiosamente, y eso que Adolfo Carmona ha dado el salto a la dirección desde las bambalinas técnicas, fue ahí, en la refriega de cuerpos, espacio y texto, donde vimos las mayores virtudes de Las troyanas, y no tanto en algunos aderezos (músicas, efectos sonoros y algunos lumínicos) que, en ocasiones, perturbaban la simple belleza de la palabra compacta y sus aguijones de sentido.

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