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Una batalla desastrosa en Iraq

  • Álvaro Colomer recrea en 'Aunque caminen por el valle de la muerte' la "batalla" que se produjo en abril de 2004 en Nayaf, "la más importante librada por el ejército español" en los últimos 50 años.

El periodista y escritor Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), la pasada semana en Sevilla. El periodista y escritor Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), la pasada semana en Sevilla.

El periodista y escritor Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), la pasada semana en Sevilla. / belén vargas

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Es la mañana del 4 abril de 2004 y en Nayaf la base española Al-Ándalus, donde hay también un batallón salvadoreño, otro estadounidense, mercenarios de la empresa privada Blackwater y algunos diplomáticos, está cercada por milicianos iraquíes. Según las distintas versiones, entre 1.000 y 2.000, la mayoría sin adiestramiento pero con armamento muy potente y como perros rabiosos porque un señalado lugarteniente de la insurgencia chií ha sido capturado por militares de la Coalición. Los iraquíes creen que está dentro y que la operación relámpago ha sido obra de los españoles (más tarde se sabría que lo hicieron los estadounidenses).

Mientras, en España el Gobierno se encuentra en plena transición de poderes tras la victoria de Zapatero. Según varios altos mandos del Ejército, los dirigentes del PP y del PSOE juegan al tenis con la responsabilidad de la gestión política de esa batalla a miles de kilómetros, en Iraq, "la más importante librada por el ejército español desde el asedio de Sidi-Ifni" en 1957-58, asegura el escritor y periodista Álvaro Colomer. "Llamad al PSOE, para eso ha ganado las elecciones", el PP al resto; "Nosotros no tenemos aún la cartera de Defensa, ellos son los que están en funciones", volea del PSOE.

Fruto de esa "chapuza", los militares españoles, pese a realizar "también acciones heroicas" en el fragor de aquel ataque de unas 18 horas de duración, permanecieron en su mayoría "inactivos", según muchos testimonios resguardados en un sótano al que acudían los mandos salvadoreños y estadounidenses para reclamarles, atónitos e indignados, que se unieran a la defensa de la base que ellos estaban llevando a cabo de modo brutal. Pero los españoles esperaban una llamada, una orden que les autorizara la entrada en combate, y ésta llegó muy tarde. El episodio les costó la acusasión más deshonrosa para un militar: cobardes. Y según otras versiones, abucheos, insultos y huevos de los soldados de la Coalición cuando se hizo efectiva la salida de Iraq prometida por Zapatero. "Los americanos y los salvadoreños se quejan de que fueron ellos los que se jugaron la vida para defender un cuartel que era, técnicamente, español", explica Colomer.

En aquel combate, según las cifras oficiales, murieron casi 30 personas, 25 iraquíes, un salvadoreño y un estadounidense. "Y nadie en España conoce estos hechos. Yo no entro en si me ha quedado bien o mal, pero la historia es cojonuda", dice Colomer, que dedicó casi cuatro años a investigar lo ocurrido en aquella jornada. El autor pasó un mes en Iraq, hablando con insurgentes y con autóctonos que estaban del lado español/internacional, y fue también a El Salvador y a Estados Unidos para realizar alrededor de 200 entrevistas con soldados y oficiales que participaron en la batalla. Y aunque logró acceder también a militares españoles, el "oscurantismo casi franquista" que pesa aún sobre el Ministerio de Defensa, lamenta, hizo que aquí encontrara las mayores dificultades. "Con Bono sí pude hablar y me dijo que aquello ni siquiera fue una batalla; que fue nada, hombre, un tiroteo. Yo me pregunto qué tiroteo acaba con tantos muertos y 200 heridos".

El resultado de la investigación, Aunque caminen por el valle de la muerte, lo acaba de publicar Random House y constituye un sólido y vertiginoso bocado de literatura bélica, muy insólito además en el contexto de la tradición española. El orgullo nacional sale bastante lastimado de esta lectura, aunque Colomer insiste en que en ningún caso escribió el libro con ánimo de ridiculizar a nadie. Si acaso, a los responsables políticos que, pese a las advertencias de los expertos, enviaron a las tropas a un lugar cuya enorme complejidad desconocían, y sometidos a unas "reglas de enfrentamiento inapropiadas para esa situación". "Nayaf es una ciudad santa, algo así como el Vaticano de los chiíes. Que hubiera allí tropas de ocupación era muy ofensivo para ellos", explica el autor. "Y luego están esas reglas. Las de los españoles eran restrictivas: para poder disparar, tenías que estar ya casi recibiendo la bala del enemigo. ¿Por qué? Porque el PP envía las tropas a Iraq en misión de pacificación y reconstrucción, no asume que van a una guerra. Los americanos tenían reglas expansivas, preventivas: si crees que alguien te va a disparar, tú ve ya disparando por si acaso".

Colomer sostiene que la batalla fue provocada por los estaunidenses -capturando al líder chií- para forzar a los españoles, mediante esa "trampa" a sus propios aliados, a asumir la naturaleza bélica, y no de reconstrucción, de la misión. El "vacío de poder" en España, dice el autor, terminó de enredarlo todo. "En sus memorias, Paul Bremer [el diplomático al que George W. Bush encomendó el gobierno del Iraq post-Sadam] cuenta que a la una de la tarde, horas después del comienzo de la batalla, sobre las nueve de la mañana, recibe informes de que los españoles no están actuando. Llama al embajador español en Iraq y le dice: oiga, qué coño pasa con sus soldados. Y el embajador le responde: no sé de qué batalla me habla. Llama entonces a Ana Palacio, no sé por qué a ella y no a Trillo, pero el caso es que la llama; y lo mismo: perdón, ¿qué batalla? A la una de la tarde. La ministra de Exteriores".

"Pero hay que recordar que esto es una novela", apunta Colomer. "Y tiene esa bruma de la guerra. En las entrevistas fui encontrando miles de contradicciones, y no podía ser de otro modo. Yo me inclino por algunas explicaciones, escojo las que pienso que son las más coherentes, pero en este terreno no hay certezas. Esa base tenía una extensión de cuatro estadios de fútbol, ya me dirás tú el que estaba en el ala norte lo que se enteraba de lo que estaba ocurriendo en ese instante en el ala sur. ¿Donde entra la ficción? En los personajes; son construcciones a partir de las personas entrevistadas y los testimonios reunidos. Y en los matices; no puedo saber si un soldado sufrió mucho o no al matar a un niño, imagino lo que pudo pensar o sentir y, sobre todo, interpreto por qué cada parte actuó como lo hizo. Ahora bien -recalca-, los hechos en sí son reales, están probados, la batalla sucedió tal y como yo la cuento en el libro".

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