Crítica 'Un hombre de altura'

La bella y el liliputiense

un hombre de altura. Comedia, Francia, 2015, 98 min. Dirección: Laurent Tirard. Guión: Marcos Carnevale. Fotografía: Jérôme Alméras. Intérpretes: Jean Dujardin, Virginie Efira, Cédric Kahn y Stéphanie Papanian.

Comedia mema francesa que rehace otra comedia mema argentina (Corazón de león). Su supuesto encanto y humor se basa en las dificultades para entablar una relación planteadas por la diferencia entre la minúscula talla del protagonista y la altura de la protagonista. Ya saben: tras un rechazo físico inicial ella va descubriendo la grandeza del pequeño. Tanto en la versión argentina como en la francesa la película incurre en la contradicción de hacer lo que critica: en vez de elegir a un actor muy bajito -que los hay, incluso enanos- se empequeñece digitalmente a uno de estatura normal. Y hasta se usa un doble que mide 1,40 para ciertos planos (esto sí que daría para una comedia cruel). Curiosa forma de apostar por la normalización políticamente correcta y de luchar contra los prejuicios. Es como si en Adivina quién viene esta noche el papel de Sidney Poitier hubiera sido interpretado por un actor blanco maquillado con betún.

El tamaño, además, no sólo se compensa con esa simpatía y capacidad de seducción que no tienen que ver con la talla (al menos con la corporal), sino con la posición económica. Sucede con los bajitos, por lo visto, lo mismo que con los ancianos: su capacidad de seducción sobre mujeres más altas o más jóvenes tiene mucho que ver con la posición social y la cuenta corriente.

Un hombre de altura se integra con lógica en la rutinaria filmografía de Laurent Tirard (Las aventuras amorosas del joven Molière, El pequeño Nicolás, Asterix y Obélix al servicio de Su Majestad o Las vacaciones del pequeño Nicolás). Nada aporta al original que copia. Si acaso las presencias de Jean Dujardin y Virginie Efira le dan algo de atractivo. Pero el tratamiento digital liliputiense de Dujardin daña este único encanto. Para ver y olvidar o no ver sin perderse nada.

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