El café (amargo) de Fassbinder

  • La Abadía regresa al Teatro Central con la "descarnada" versión que hizo el creador alemán de una comedia de Goldoni del XVIII

Corría el año 1969 y Rainer Werner Fassbinder, hiperactivo y antiautoritario, perspicaz, insobornable y atrabiliario, "anarquista romántico" en su propia definición, desarrollaba una actividad febril en su legendario sótano de Múnich, donde primero modeló y depués afiló sin parar su concepto de antiteater, antiteatro en español, sin la h que demanda la correcta grafía en alemán. Con tan sólo 24 años, era ya una figura insoslayable de la escena underground de su país, y entonces -1969- se le abrió, por medio del Teatro Municipal de Bremen, la puerta del circuito institucional. Fassbinder, portando su caramelo envenenado, entró poco dispuesto a negociar.

A su debut en el teatro a la italiana se presentó con una versión -libre pero fidelísima en cuanto a la naturaleza de los personajes y a la estructura argumental- de La botegga del caffe, una obra del siglo XVIII en la que Goldoni satirizaba la corrupción moral de la sociedad veneciana de la época, pero que aun así conservaba ese aire complaciente de las comedias de costumbres concebidas, precisamente, para un público burgués. "A todo eso le dio la vuelta Fassbinder", explica Carlos Aladro, subdirector artístico de La Abadía, compañía -más incluso que habitual- cómplice y amiga del Teatro Central, al que llega hoy y mañana con una "relectura" de esta obra, "idónea", añade, "en este momento crucial de crisis y revisión de valores, de desencanto general ante el poder político y de desmanes del sistema en el que vivimos".

Desmanes realizados y justificados, claro, siempre en nombre del dinero, que deja de ser un medio para ser un terrible fin en sí mismo. Así lo perciben también los personajes de la obra, en la que nadie quiere a nadie más que como objeto de deseo. "Están todos obsesionados con el dinero, sumidos en deudas, con el agua hasta el cuello. Arriesgan hasta sus pertenencias, arruinan sus relaciones por culpa del ansia infinita de dinero, se encuentran alejados totalmente de la gran fuerza creativa, que es el amor", explica Aladro, que ayer, antes de su encuentro con la prensa, mantuvo una charla con profesores y alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla.

Esta obra sobre "las cosas que nos destruyen y nos deshumanizan", que da cuenta de la "operación de desmontaje de la civilización" que padecemos, está dirigida por el británico Dan Jemmet e interpretada por José Luis Alcobendas, Jesús Barranco, Lino Ferreira, Daniel Moreno, Miguel Cubero, Lidia Otón, María Pastor y Lucía Quintana; todos ellos se mueven todo el rato entre tragaperras de un casino "mucho más descarnado", advierte Aladro, que la casa de juegos donde se ambienta la pieza original de Goldoni. En la línea de Fassbinder, mucho más conocido en España por su faceta de cineasta pero aun así crucial en la evolución del lenguaje del teatro alemán del siglo XX, la puesta en escena cuestiona el mismo hecho escénico. El patio de butacas no quedará a oscuras, sino que "se mantendrá la luz encendida, y los personajes se dirigirán continuamente al público, porque se trata de no permitir que se conviertan en espectadores pasivos".

La obra está vertida al español por Miguel Sáenz, brillante traductor y gran responsable de que la obra de Thomas Bernhard sea conocida en España. Su presencia en el proyecto es importante, ya que el artista alemán introdujo en su versión del texto sutiles saltos del alemán contemporáneo al antiguo, y estos cambios también se han recreado en esta versión de la Abadía.

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