mercado editorial

La capital de los libros

  • La Feria del Libro de Guadalajara comenzó este fin de semana con Paul Auster, Emmanuel Carrère y Mircea Cartarescu como platos fuertes de la edición

Un visitante de la FIL hojea libros en una de las casetas del recinto. Un visitante de la FIL hojea libros en una de las casetas del recinto.

Un visitante de la FIL hojea libros en una de las casetas del recinto. / carlos zepeda / efe

Tras un primer intento diez años antes, Guadalajara se fundó en 1542, el día de San Valentín. Cómo no enamorarse de ella. La capital del estado mexicano de Jalisco es también a finales de noviembre y principios de diciembre, y desde hace más de tres décadas, la capital del libro en español. La Feria de Fráncfort será mayor, pero está volcada a la negociación de derechos en cualquier lengua del mundo; sin embargo, el fenómeno de público de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) no tiene parangón, como tampoco el elevadísimo número de actividades que se celebran en torno a la letra impresa, desde presentaciones de libros y revistas a mesas redondas, talleres, lecciones magistrales o recitales de poesía. Este año la FIL tiene como invitado de honor a Madrid, que ha elaborado un denso programa para la ocasión. Pero hay asimismo editoriales de toda España y, claro está, andaluzas, llevadas por distribuidoras y representantes unas, y otras, como la Fundación José Manuel Lara y Algaida, por los grandes grupos a los que pertenecen.

Aún se recuerda aquí (y en librerías de la Ciudad de México como la Rosario Castellanos, que exhibe en sus estantes muchos de los libros que, como quemadas naves de Cortés, no regresaron y se quedaron en el solar de los aztecas), la feria dedicada a Andalucía en 2006. Ningún autor de los que asistieron puede olvidarlo, ni se borrarán las antologías y números especiales de revistas que florecieron. Pero más allá del vasto recinto de Expo Guadalajara, con sus expositores y salas de actos, hay una ciudad viva y pletórica que merece conocerse.

Hoy recibirá el premio al Mérito Editorial Juan Casamayor, del sello Páginas de Espuma

En torno a la FIL, apartada del centro histórico, hay numerosos hoteles, incluido el Hilton (oficioso cuartel general de los editores y autores más destacados), pero, se aloje donde se aloje, debe el participante acercarse a la Catedral y desde allí comenzar un paseo a pie por las principales atracciones. Un lateral del templo comparte los jardines de la plaza de Armas y su hermoso quiosco de música con la hermosa fachada del Palacio del Gobierno. En 1810 el cura Hidalgo, quien profirió el grito de Dolores con el que arrancó la Independencia y que da su nombre al aeropuerto local, abolió en este lugar la esclavitud mucho antes de que hiciera lo propio el vecino yanqui. Antecedentes de las novelas gráficas que no faltan en los expositores de la FIL, hay en su interior obras de José Clemente Orozco, el muralista preferido de Octavio Paz.

Una explanada lleva al bellísimo Teatro Degollado, que tras su pórtico de columnas corintias no solo acoge conciertos, ballet y ópera, sino también, año tras año, el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería (cómo no recordar la película Jalisco canta en Sevilla, con Jorge Negrete). Muy cerca queda el Hospicio Cabañas, un portento arquitectónico declarado Patrimonio de la Humanidad que incluye patios y más patios y, en la bóveda, la obra maestra de Orozco. Algunos editores hacen un hueco para seguir a un guía y entender las espléndidas vistas que conspiran para producir un ataque de tortícolis. Fungió de orfanato en tiempos, aunque no fue en él donde sufrió Juan Rulfo (grande entre los autores de Guadalajara como Juan José Arreola o Fernando del Paso) cuando habitó su desamparo en la ciudad.

Rulfo daba nombre al principal galardón de la Feria (que ahora, por desacuerdo de los herederos, se llama Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances). La mañana de la inauguración, este fin de semana pasado, se le entregó a Emmanuel Carrère, quien hizo una memorable defensa de la no-ficción, el género en el que ha sobresalido. No será ni mucho menos su única actividad en la Feria, donde presentará su último libro (Conviene tener un sitio a donde ir) y participará en un encuentro multitudinario con jóvenes. También estuvo brillante Jorge Volpi en la semblanza que hizo del premiado en un salón en el que literalmente no cabía un alfiler y que desbordó lo literario para convertirse en un acontecimiento político y social. Era digno de verse, por cierto, abrirse paso el nutrido grupo de autoridades y su séquito, muy populoso en guardaespaldas, y tras ellos, cerrando el cortejo y como chicos de los recados, los dos grandes escritores a los que sin embargo algunos fieles lectores retenían con la petición de firmas y fotografías.

Es este un premio que salta fronteras entre idiomas hijos del venerable latín que como adolescentes revoltosos decidieron hace ya muchos siglos no declinar más. El sábado también abrió el Salón de la Poesía otro autor en la lengua romance por antonomasia: el rumano Mircea Cartarescu, que concitó los aplausos del público con sus versos narrativos e hipnóticos, en volutas plenas de anáforas y repeticiones en las que caben tanto la ironía como la desolación más desesperada. Con Paul Auster es uno de los platos fuertes del programa, que incluye también la entrega, esta misma tarde, del galardón Homenaje al Mérito Editorial al editor Juan Casamayor, del sello español Páginas de Espuma.

Los actos se acumulan y se acaba el espacio. Las páginas de la mayoría de los periódicos mexicanos son más largas que las de los españoles. A tenor de lo mucho que hay que decir de la FIL, se entiende.

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