La ciudad de las 1.000 ciudades

  • El diseño del arquitecto madrileño Andrés Perea para una nueva ciudad administrativa en Corea del Sur abre vías de reflexión para la urbe del futuro

Se ha presentado en Sevilla, en el marco de la Primera Conferencia Internacional La ciudad viva, la propuesta ganadora del Concurso para la Nueva Ciudad Multifuncional de medio millón de habitantes que se construirá en Corea del Sur: un proyecto del arquitecto madrileño Andrés Perea.

Ya en el pasado siglo, propuestas de nuevas ciudades administrativas en regiones de desarrollo económico llegaron a convertirse en modelos urbanos capaces de responder a cuantos requerimientos hacían sus gestores públicos desde los principios e instrumentos de un urbanismo moderno. Una mirada hegemónica, tan impuesta como instantánea, que sólo tangencialmente daba cuenta de la singularidad de las culturas locales o de la sociedad que vendría a usarla como soporte de vida. Ejemplos tan notables como las ciudades de Chandigarh o Brasilia siguieron a los planes urbanísticos de corte ideal como el de Argel, para desembocar en las experiencias utópicas de Amerindia o New Babylon. Desde el 1968 hasta ahora, cuando la sostenibilidad comienza a inducir otra vez la imaginación de lo otro, las propuestas para esos espacios de la totalidad a lo más que habían llegado es a una ciudad de vacaciones o al diseño exquisito de algún parque temático.

Por eso es tan bien recibida una propuesta como la formulada por Perea. Una estrategia que, nuevamente, se atreve a imaginar y a proponer -con la verosimilitud de lo arquitectónico, aunque su argumentación se encuentre muy lejos de ello- una configuración completa instalada en el territorio. Un orden en el que residenciar las actividades humanas más artificializadas, sin por ello renunciar a la obtención de un equilibrio ajustado entre el invasor y el ecosistema antropizado que lo acoge.

La propuesta se recibe por parte de aquellos que asisten a su presentación con signos de descrédito y esperanza; al menos todos compartimos la curiosidad, pues todos sabemos que esta actividad, tan a la grupa de la realidad virtualizada como de un virtualismo realizado, apunta a una síntesis que sabemos cada día más urgente. Luego queda el regusto amargo o dulce de una débil esperanza o la melancólica espera de otra oportunidad.

En un emplazamiento situado en el Valle del río Geum, entre pequeñas ciudades y caracterizado por un paisaje cultural agrario arrocero, la propuesta se esfuerza por alcanzar un posible equilibrio entre los valores naturales y culturales del lugar encontrado y los exigentes requerimientos de ocupación, densidades y usos -tanto administrativos como residenciales- planteados por los promotores de la iniciativa, el Gobierno de la República de Corea. Un equilibrio que conduce a un modelo alternativo de ocupación del territorio donde, evitando la jerarquía de piezas o la distribución en áreas exclusivas (zoning) de las actividades, se apuesta por la superposición de espacios de distintas naturalezas y la hibridación de usos, la diversidad en suma, como garantes de una cualidad ambiental necesaria para la vida ciudadana y compatible con el medio. Un modo de figurar la ciudad del que, inevitablemente, surgen otros parámetros y consideraciones, bien distintos de las prácticas urbanísticas o arquitectónicas habituales, desde los que producir la ocupación de estos territorios.

Frente a un modelo de concentración de las áreas representativas en un centro, que se ampliarían sucesiva y jerarquizadamente hasta cubrir las necesidades de usos, la ordenación planteada tiene que ver con la puesta en valor del gran paisaje del río y las parcelas de cultivo como referencia central del conjunto de áreas singularizadas, lo que lleva a una distribución perimetral de hasta 25 barrios interconectados con un gran bulevar, con usos híbridos y una capacidad para 25000 habitantes cada uno que, al cambiar de superficie, presentan densidades y tipologías edificatorias distintas.

Unidades entrelazadas que, como cuentas de un collar apenas ensartadas por un fino hilo, se distribuyen por el lugar envolviendo al valle para mantener y activar la identidad del sitio. Así, la relación directa y singular con el entorno natural o la configuración de un expresivo paisaje urbano en cada una de las áreas, va a dar cuenta de cada posición, de cada sujeto, en ese territorio.

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