La muestra de la colección Carranza en el Alcázar acumula dos meses de retraso

  • La exposición, anunciada para el 30 de junio, debería ser albergada por tres salas de la fortaleza · La colección fue cedida gratuitamente tras un proceso de negociación que se demoró durante trece años

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La muestra al público de la colección Carranza lleva dos meses de retraso con respecto a la fecha prevista para su inauguración. En diciembre de 2008 se anunció el 30 de junio como la fecha a partir de la cual los sevillanos podrían disfrutar de la colección de cerámica más importante en su género tras un acuerdo rubricado entre el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el ceramista manchego Vicente Carranza Escudero y la esposa de éste, Josefa García Gómez. Incluso en esas fechas se inauguró en la Avenida de la Constitución una exposición fotográfica, que pudo verse hasta el 6 de enero de este año, con instantáneas de algunas de las piezas más destacadas del conjunto que se enseñaría al público. Las obras que engrosan este rico y variado patrimonio se ubicarán en tres salas del Cuarto del Almirante de los Reales Alcázares de la capital hispalense. Con este nuevo retraso, se escribe un capítulo más de una historia de dilaciones que se remonta a 13 años atrás.

En 1996 se produjo uno de los primeros contactos del Ayuntamiento con el ceramófilo, ya que fue entonces cuando el convento de San Clemente albergó una muestra con piezas procedentes de Triana adquiridas por Carranza y restauradas por él mismo. En esa época, la entonces alcaldesa de la ciudad, Soledad Becerril, mencionó el Alcázar como lugar para acoger la exposición. Más recientemente, en 2004, se llegó a un acuerdo con Patrimonio Nacional para que cinco salas del Alcázar que no se usaban sirviesen de sede para la colección Carranza. En octubre de 2008 se anunció que el Alcázar expondría finalmente una parte importante de la colección, en una cesión permanente a la ciudad durante 20 años, mientras que otra podría ser vista en el futuro Museo de Cerámica de Triana.

La mencionada cesión se realizó a través de una fórmula jurídica denominada comodato. Ésta se aplica a bienes no fungibles y el préstamo ha de ser gratuito obligatoriamente. Si la persona que cede las piezas, en este caso Carranza, quisiera recuperarlas antes de que se cumpliera el plazo de las dos décadas pactadas, debería alegar y demostrar una urgente necesidad.

Mediante este procedimiento Carranza realizó otras cesiones de una parte de sus hallazgos al Museo de Santa Cruz en Toledo y al Comarcal de Daimiel, la localidad de la que es oriundo. Ante el mencionado acuerdo al que se llegó el año pasado con respecto al Alcázar como sede, Carranza declaró: "Han sido 12 años interminables. Ha habido muchas reuniones privadas y negociaciones, pero al final el Ayuntamiento ha reconocido que la colección sólo podía ubicarse en el lugar que prometieron". Con estas palabras, testimoniaba que se cumplía por fin su deseo, consistente, según él mismo afirmaba, en que "Sevilla, Toledo y Daimiel quedasen entroncadas culturalmente con sus museos, unidas por las colecciones".

Carranza ha cedido a la ciudad de Sevilla alrededor de 800 azulejos, muchos del siglo XVI, procedentes de conventos desaparecidos o expoliados y de templos. Además, su compilación incluye paneles datados desde el siglo XII al XX y más de 70 platos populares, algunos de reflejo dorado, muy escasos en la actualidad; vasijas, tinteros, albarelos (botes usados por los boticarios en las famacias) y escudillas utilizadas por los médicos para realizar sangrías a los pacientes.

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