Una colección de discos para cada amor

  • Pep Blay publica 'Erótica Mix', cuatro historias unidas por el sexo, la música y el humor

Los festivales de música veraniegos no son los mejores lugares para escuchar música. Son los mejores lugares para muchas otras cosas. Esto lo sabe todo el mundo, también Pep Blay, que ambienta Tuyyosomossexo.com -una historia de amor fou que es la primera de las cuatro que componen Erótica Mix (Plaza & Janés)- en varios escenarios, siempre con la música como rumor de fondo o atrezo para románticos y aficionados a Leonard Cohen, Morrisey, Vampire Weekend o Carl Cox. "Es la historia más cañera, la más sexual", explica Blay (Tarragona, 1966), que se ha pasado casi toda la vida rellenando folios para publicaciones musicales y ahora, después de firmar en 2007 Lo demás es silencio, una exitosa biografía de Enrique Bunbury y con la confianza de su editorial -"me dejaron que hiciera lo que me diera la gana"-, debuta en la ficción (en español; en catalán ya vio la luz en 2004 la novela Vampiria Sound).

Erótika Mix, explica Blay, son "cuatro historias unidas por el sexo y la música, pero no es literatura erótica ni un libro para melómanos". "Intenta reflejar cuál es el papel que creo que debe tener el sexo en la pareja. No sé si es lo más importante, pero sí es imprescindible", dice el autor, que a partir del extraordinario poder evocador de la música -"podría reconstruir toda mi vida a base de canciones: pasas por una tienda, escuchas una canción y te viene a la cabeza un amigo del instituto que a lo mejor estaba perdido en tu memoria"- y de la cualidad balsámica del humor -"a mí me sirve, aparte de para divertirme, para poder decir claramente cosas que de otra manera no podría decir"- pretende reflexionar sobre las nuevas formas de relaciones afectivas.

"El amor tiene que ser algo intenso, algo que te proporciona felicidad, en ningún caso sufrimiento, y por tanto no hay que intentar aguantar una relación. Mis padres han vivido toda la vida juntos, y me parece fantástico, porque han sabido quererse, pero no me parece mejor ni peor que alguien que haya tenido cuatro relaciones importantes", dice Blay, al que le molesta sobremanera la sospecha y la condescendencia con las que el mundo literario se relaciona, las pocas veces que lo hace, con el universo pop. "Tú pones que un personaje va a la ópera y todo el mundo lo encuentra normalísimo; pero si va al Sónar o al Espárrago Rock todo el mundo lo encuentra más frívolo", lamenta.

En Cartas de amor a la Mujer Barbuda, un relato epistolar (de hoy, digamos: el intercambio es de e-mails, no de cartas perfumadas y con lacra- y "muy francés, al estilo Anaïs Nin", cambia el tono y el ambiente musical (Bach, Purcell, Montsalvatge, Nick Drake, Vivaldi). "Quería una historia más romántica, en la que el sexo es la culminación de algo más fuerte, de una complicidad profunda; y plantear también una pregunta: ¿se puede mantener una relación básicamente espiritual en la que se puede tocar poco, en la que hay poca piel?".

La tercera se titula 7'' y es bien diferente: "Aquí los personajes utilizan el sexo como un antídoto contra la soledad, que es lo que veo más cotidianamente. Hay quien cree que quiere sexo, que quiere amor, cuando en realidad lo que tiene es pánico a dormir solo", dice Blay sobre esta pieza "muy Miedo y asco en Las Vegas, muy realismo sucio, muy Raymond Carver", que gira en torno a Seven, una canción de Bowie que todos los personajes escuchan al hacer el amor. Y Erótica Mix, la cuarta, es "una fiesta, una historia para desintoxicar, en plan mezcla de comedia de Tarantino y Almodóvar", concluye Blay, un apasionado del filme de Wenders El cielo sobre Berlín que tiene ya en mente una novela sobre vampiros ambientada en Ibiza, en pleno resacón post-hippie.

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