Una corrida veloz y una oreja a Liria

  • El diestro de Cehegín fue premiado con un trofeo como reconocimiento a su trayectoria en su última feria de Fallas

Una corrida en la que a pesar de notables deficiencias en los toros, éstos aportaron más que los toreros, en Valencia, se saldó con una oreja barata a Pepín Liria, reconocimiento a su trayectoria en su última feria de Fallas. Una tarde veloz en todos los sentidos. Porque corrieron los toros, corrieron los toreros -entiéndase aquí lo de correr como destemplanza-, y corrió el reloj. En apenas dos horas quedó despachada la función. No hay que dar como bueno tanta velocidad, puesto que el toreo, ya se sabe, debe ser fundamentalmente quietud y despaciosidad. Y esto último fue lo que se echó de menos a lo largo de los seis toros.

Liria saludó una fuerte y cariñosa ovación antes de aparecer su primer toro, ahora que está en temporada de despedida y como reconocimiento a su continuada presencia en esta feria. Y ya con el toro en la arena su actuación de capote y muleta no pasó de discreta. Toro noblón, que remataba los viajes con la cara un punto alta, y al que exprimió fundamentalmente por el lado derecho. Una faena correcta pero sin dejar poso. El cuarto se movió más y salió Liria a lo suyo, desde la larga cambiada en tablas y hasta el descabello final vendiendo el marketing del estilo de arrebato que ha predominado en su carrera. Pases de rodillas, regates y acelerones. Todo muy sincero, aunque excesivamente popular. La oreja que paseó tiene mucho que ver con el adiós.

Al francés Juan Bautista se le nota -hace unos días en Castellón y ahora en Valencia- descentrado por la responsabilidad y las prisas de justificar su presencia ahora prácticamente en todas las ferias. Se ve que se ha preparado a fondo en el campo, ensayando suertes nuevas. Y como si quisiera hacerlas de una vez, le sale todo muy rápido. A su primero lo lanceó de salida echando las dos rodillas en tierra y luego se perdió entre dudas con la muleta, desaprovechando el buen pitón derecho. El quinto toro fue incansable en sus embestidas, repitiendo, desplazándose largo y por abajo. Lamentablemente para Bautista el ritmo de la faena lo impuso el toro.

Tampoco Tejela terminó de definirse en la tarde, con un primer toro que aparentemente se dejó mucho por el lado derecho. El sexto, el garbanzo negro del encierro, ya fue imposible, manso y paradote y frenándose en el centro de las suertes. Tejela estuvo lo que se dice tirando líneas, es decir, haciendo sólo proyectos.

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