Una cruz abstracta en la sierra

  • Una docena de cuadros de Manuel Salinas se expondrán a partir del día 25 en la ermita de Santa Ana de Guadalcanal, coincidiendo con la inauguración y apertura al culto de este restaurado templo del XV

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Manuel Salinas (Sevilla, 1940) estaba cansado de la inercia cultural, es decir, de que en cada una de sus exposiciones "la gente me daba la enhorabuena como si fuera un bautizo o una boda". Decidió darle una vuelta de tuerca a sus propósitos artísticos y le ha salido una transgresión en el sentido más pleno de la palabra. "La pintura es música con colores".

Una docena de cuadros del pintor abstracto se colgarán de la ermita de Santa Ana de Guadalcanal para darle valor añadido a la inauguración de este restaurado exponente del gótico tardío, como la mayoría de las iglesias de la Sierra Norte. Uno de ellos lo donará el pintor y quedará en el altar del templo. Se trata de una cruz con cuatro colores. "En una lectura poética, representan las cuatro razas. El azul seríamos nosotros. El amarillo, Asia. El negro, África. Y el rojo, América, por los pieles rojas". Pinta la cruz y sígueme, pareció decirle Gabriel Sánchez, el párroco de Guadalcanal, un cura que encontró la vocación cuando trabajaba de economista en Abengoa y que no sólo no se escandalizó de que un cuadro abstracto presida el altar sino que le ha pedido al artista una copia.

Dios, a su modo, es también un pintor abstracto, sobre todo para los que no creen en él. Un autor de retratos y paisajes para los creyentes. Los Evangelios son sus catálogos y aquí en la tierra le ha salido un insólito apóstol. "En mis comienzos, yo también hice retratos y paisajes, tengo mucha Sierra Norte, pero cuando te metes en la abstracción, buscas más la fuerza que la imagen".

Salinas ha expuesto en Sofía y Bucarest, en Berlín y Bratislava, en Cartagena de Indias y México. Hasta en Nagasaki compartiendo cartel con Picasso, Miró y Tapiès. Ahora llega al pueblo más septentrional de la provincia de Sevilla. "La cruz es el logotipo de la libertad", dice Daniel Rodríguez, anticuario, gerente de la Fundación Salinas que gestiona esta exposición que podría tener continuidad para que otros artistas usaran la ermita de Santa Ana como pinacoteca serrana. "Van a ver un tipo de pintura que nunca ha llegado a esos sitios", dice Salinas, "en ese sentido estamos haciendo lo que hacíamos en M-11".

Una cruz para la ermita en la que han colaborado sus colegas Pepe Barragán, nacido en Guadalcanal, y Abraham Lacalle. Sus hermanos Álvaro, séptimo de la saga de los Salinas, y Cristian, duodécimo, son presidente y vicepresidente de la Fundación, respectivamente.

La exposición de Salinas se inaugura el día 25, víspera de Santa Ana. El día 26 tendrá lugar una misa en la ermita. Misa con cruz sin Crucificado. "Eso es demasiado fuerte. Hay que ser un Velázquez", dice Salinas, que parece pensar en ese Crucificado del pintor sevillano que ilustró un libro de poemas de Unamuno cuando dice que "lo más fuerte de la religión es que desde niño aprendes a no ser Dios, a no manejar la vida y la muerte. Eso es muy actual con las cosas que se han dicho en el 37 Congreso del Partido Socialista".

Salinas no quiere politizar. El alcalde de Guadalcanal, Jesús Manuel Martínez, es del Partido Popular. Pero la restauración de la ermita la coordinó la Consejería de Cultura. Llega en el tiempo ideal. "En invierno, son seis meses para secar. Ahora en quince días. Por eso me gusta el verano".

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