Lo que dan de sí 17 horas en Casablanca

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A pesar de la escasa publicidad que últimamente se le da al ciclo Rising Stars (¿dónde están los magníficos carteles diseñados por Manolo Cuervo, que en pasadas ediciones menudeaban por la ciudad?), el público sigue llenando la sala Chicarreros, fiel a un ciclo que ha atraído hasta Sevilla a algunas de las más destacadas figuras del joven jazz emergente. Tales como Jef Neve y su flamante trío, que ayer merecieron el caluroso aplauso de nuestra afición, que se lanzó al final del concierto a comprar su último cedé, Nobody is illegal.

El trío belga ofreció un concierto extraordinario. Comenzó en la mejor tradición de Jacques Loussier y quienes como él (desde el camerístico Modern Jazz Quartet hasta el heterodoxo Uri Caine) se atreven a leer a los clásicos a la luz del jazz. Su interpretación de un impromptu inspirado en Schubert nos dejó boquiabiertos, Verbruggen, de prodigiosas muñecas, y Verbist acompañando, contrapunteando y coloreando de modo impecable. La asombrosa versatilidad del trío,la gran gama de matices y ritmos de que hacen alarde -sin ostentación-, la sabia administración de intensidad, todo ello toma asiento en sus composiciones, desarrolladas generosamente (recuerdan a veces en sus reiteraciones in crescendo al trío EST) a la manera de suites, con variaciones muy originales y pasajes de una contenida emoción que tildaríamos de clásica.

Zanjaron con Nothing But a Casablanca Turtle Slideshow Dinner, un tema arrollador que Neve compuso durante una espera de 17 horas en el aeropuerto de Casablanca. No hay mal que por bien no venga. El jazz europeo agradece la llegada de otro supertrío.

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