Así eran mis dibujos animados

  • Antonio Luque repasa mañana en el marco del ciclo 'Kids Rock' del Teatro Central las canciones de sus series preferidas de la infancia y parte del repertorio de Sr. Chinarrol 'Antonio Luque. 'Kids Rock'. Mañana, en el Teatro Central, a las 12:00. Entradas a 7 euros.

En materia de dibujos animados, Antonio Luque pertenece a "la generación de los niños torturados": se crió viendo aquellas series tan distintas de las actuales, esas historias "de llorar a moco tendido", como la de Marco, el pobre chiquillo que para buscar a su madre emigrada viajaba desesperadamente de los Apeninos a los Andes. También Heidi o D'Artacan y los tres mosqueperros, y al menos ésta, con sus aventuras, daba un respiro entre tanta penuria desatada. El músico sevillano, alma de Sr. Chinarro, decidió trabajar con todos esos recuerdos tempranos para presentarlos mañana, a solas con su guitarra y su proverbial ironía, escudo y lanza de los tímidos, en el Teatro Central en el marco del Kids Rock para un público eminentemente infantil.

"No sé hasta qué punto hago ya todas las canciones para mi hijo", dice Luque al otro lado del teléfono y aún en Málaga, donde vive para estar cerca de su "nene", Guillermo, a quien dedicó la tierna y memorable G. G. Penningstone, incluida en El mundo según (2006), o La lección, de su último trabajo hasta la fecha, Presidente, publicado este mismo año. "Le pongo todas las que hago. Los niños son grandes detectores de singles. Ellos lo saben inmediatamente: lo que no les gusta lo pasan rápido. Claro, como público pueden llegar a ser muy crueles: son tan francos... Y ya se sabe que la franqueza y la agresividad van muchas veces de la mano. Pero por otra parte tienen un rollo encantador. A mí me gusta mucho el trato con los niños", dice.

Luque lleva días sacando con la guitarra las canciones de esas series de su infancia para tocarlas en el Central y se ha dado cuenta de que, "coño, son muy buenas, son composiciones hechas a conciencia". "Los niños que vayan no han visto esos dibujos, a no ser que tengan algún padre nostálgico. Quiero explicarles cómo eran los dibujos animados cuando yo era pequeño, de qué iban", explica el músico, que tocará también las canciones propias ya citadas y también varias más de su repertorio; aparte de, entre algunas sorpresas más, "alguna versión de los Flaming Lips, que yo lo veo un grupo muy de niños". Y así, de camino, dice son sorna este letrista excepcional que no da puntada sin hilo, "compruebo también cómo se manejan con el inglés, a ver si alguno llega a presidente sabiendo hablarlo".

En la charla con el artista sevillano aparecen también sus proyectos más o menos inminentes. Uno de ellos suscitó grandes expectativas, y también alguna sospecha, entre sus seguidores, todos debatiendo sin fin en internet. Hablamos de ese nuevo disco -anunciado por él mismo en su cuenta de Facebook- con músicos valencianos (de La Habitación Roja y Maronda y producido por Marc Greenwood, miembro de las dos bandas) y, lo que más dio que hablar, bajo su propio nombre. El álbum está grabado ya, pero finalmente el proyecto no se llamará Antonio Luque. "Tengo un poco de jaleo porque estoy metido en varias historias y es difícil diferenciarlas todas... Y yo estas canciones quería tocarlas con ellos, y me dije: ¿qué hago?, ¿los llamo los chinarros valencianos, lo llamo Sr. Chinarro, lo llamo Antonio Luque a secas? Pero llamarlo Antonio Luque era como decir que era algo diferente y sin embargo hay canciones que suenan mucho más chinarras que nunca. Así que por qué diferenciarlas...".

Algunos, suspicaces, pensaron que ese anuncio delataba a un Luque insatisfecho con Presidente, todavía muy reciente. "Pero bueno -contesta él-, yo no oculto que nunca quedo satisfecho con lo que hago. Por eso sigo haciendo cosas. Me podría quedar en la autocomplacencia como le pasa a mucha gente, como le pasa a la misma Andalucía, que como es lo mejón der mundo, ¿no?, entonces para qué vamos a cambiar nada. Tengo el afán de llegar a ese punto que seguramente es un ideal que nunca alcanzaré pero es lo que me mueve para trabajar. ¿Qué pasa, que debería callarme, hacer promo con el piloto automático? Que diga esas cosas no significa que no piense que lo que he grabado no sea mejor que el 99% de lo que se publica. No está una cosa reñida con la otra".

Luque anda también muy ilusionado con su primera novela. La editará El Aleph, un sello literario del Grupo Planeta, y viene a confirmar que Socorrismo, el librito de cuentos con el que debutó como escritor-escritor, y Matar en Barcelona, un volumen colectivo en el que firmaba uno de sus relatos, no respondían a un mero capricho. "Tengo ya 41 años y me resulta más difícil emocionarme que cuando tenía 26. Pero todavía hay discos y libros, sobre todo libros, que me emocionan", dice. El suyo, titulado Exitus, al menos provisionalmente, "con frases menos largas [que las de sus anteriores obras], premeditamente sencillo y sin saltos en el tiempo", y de unas 450 páginas, cuenta la historia de un chico que vive en el Polígono San Pablo, donde creció el propio Luque. Tras la muerte de su padre en un incendio casero, el chaval tendrá que buscarse la vida y para ello recurre al vecino del bajo de su edificio, que tiene una de esas orquestas que vaga por las ferias de los pueblos, y al protagonista de la novela se le mete entre ceja y ceja refundarla.

"Ahí meto mi experiencia como músico pero no tiene nada que ver con Chinarro. Es ficción, vaya", aclara Luque, que no obstante tiene interiorizadas las nociones teóricas de la escritura. "Bueno, se dice siempre: toda autobiografía tiene tanto de ficción como la ficción pura, y toda ficción es en el fondo autobiográfica. Todo consiste, ¿cómo dicen los expertos?, en transubstanciar lo que a uno le ocurre en la vida y ponerlo en otros personajes, en otros sucesos, pero al final la cosa va de mira: te he contado mi película, ahí está mi vida".

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