Las diferentes caras del miedo

  • Ricardo Menéndez Salmón regresa con 'Derrumbe', novela coral con la que el autor propone un análisis de los temores y la violencia de la sociedad actual

La ofensa, una reflexión sobre el mal ambientada en el brutal escenario de la Segunda Guerra Mundial,fue recibida por algunas publicaciones como la mejor novela del pasado año y consagró a Ricardo Menéndez Salmón como uno de los autores más sólidos de la última narrativa española. El asturiano regresa ahora con Derrumbe, nueva indagación en los resortes más sombríos de la naturaleza humana y estudio sobre los miedos y la violencia que afectan a la sociedad contemporánea.

La ficción, publicada como su predecesora en Seix Barral, aporta según su creador dos novedades. "En primer lugar, Derrumbe se sitúa en el aquí y el ahora, sucede a tiempo presente. En La ofensa, el lector era espectador de una historia a la que politólogos y sociólogos ya se habían referido en múltiples ocasiones. Ahora el lector se convierte en actor", valora el novelista. El segundo giro es que, en esta ocasión, Menéndez Salmón se decanta por una "estructura canónica, de thriller", una elección que puede desconcertar a los lectores que lo etiquetaron como un autor poco dado a los formatos convencionales. "Sé que algunos pensarán que me he vendido a la historia de psicópatas, pero si me he acercado al género es precisamente para dinamitarlo", advierte. Así, en este relato coral por el que desfilan un asesino "que deja una huella muy perversa", unos jóvenes que se rebelan contra su entorno mediante acciones terroristas y un científico con una complicada relación con su hija adolescente, "lo que menos interesa es la actitud de los personajes". "No intento explicar por qué el asesino actúa de ese modo, no le busco una infancia traumática como a veces cuentan en las películas", dice.

El afán del autor es proponer un análisis del miedo, "la ideología dominante del tiempo en que vivimos, y que genera grandes mecanismos de control". Otros asuntos como la cultura de la imagen, el consumo y la tecnología asoman por esta novela, cuyo título ya ilustra el posicionamiento ético de Menéndez Salmón. "Es una palabra que no sólo nos habla de un derrumbe físico, sino también moral", asegura el narrador, que ha trabajado "cierta frialdad en la forma de narrar, cierta asepsia" para que su obra no cayera en la moralina. A su favor también dispone el recurso de la elipsis "porque eso exige el compromiso del lector, me gusta que las novelas tengan huecos".

Mientras escribía el texto, Menéndez Salmón se enteró de que esperaba descendencia -su hija nació hace cuatro meses- y descubrió con sorpresa cómo ese detalle de su biografía impulsaba nuevas meditaciones. "Penetró con mucha fuerza el miedo a perder a un ser querido, a un ser inocente. Fue interesante ver cómo la vida es siempre el gran manantial del que bebemos los escritores".

Al contrario que en La ofensa, donde el mal se abordaba desde un plano más abstracto, Derrumbe se detiene a observar las miserias de la cotidianidad en "escenas de dormitorio, de desayuno", porque, como sabe Menéndez Salmón, "toda sociedad genera un catastro de monstruos".

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