Del documento al poema

Que fotografiar es documentar lo saben los adictos a telefilmes policíacos y cualquier conocedor de los metodos de arqueólogos, restauradores o biólogos. En todos esos casos la cámara escapa de la visión inmediata del fotógrafo para convertirse en ojo sistemático que explora exhaustivamente un campo y registra cuanto pasa por alto la visión inmediata del reportero. Esta fotografía, reservada a la ciencia o en general, a la investigación, adquirió dimensión artística a fines de los años sesenta. Autores que insistían en la índole reflexiva, conceptual, del arte vieron en ella un poderoso medio para elaborar sus obras: Hans Haacke la empleó para precisar las presiones inmobiliarias en determinadas zonas de Nueva York y Martha Rossler mostró con ella la degradación del Bowery. Un concepto de Michel Foucault, el archivo, ayudó a que estos artistas emprendieran una labor cercana a los antropólogos al hacer, como éstos, trabajos de campo.

Juan del Junco, en esta propuesta, con la que ganó la Beca para Proyectos de Fotografía de Cajasol, ha seguido esta dirección artística de la fotografía documental aunque dándole un giro muy personal. Ha documentado seis parajes andaluces. De cada uno ha registrado un fragmento de terreno que ha aforado como pudiera hacerlo un biólogo o un investigador policial. La desacostumbrada visión frontal de un plano que generalmente tenemos bajo los pies, ya es un interesante hallazgo plástico. Pero a Del Junco, más que estos inusitados paisajes, le interesan las huellas del comportamiento humano que contienen: jugetes rotos, una colilla (concienzudamente apagada), un casquillo de bala, la correa (y el bozal) de un perro o el envoltorio de un preservativo. Estos objetos abandonados, rastros de pesares, gozos, juegos o esperanzas, los singulariza el autor en sucesivas tomas, hasta aislarlos sobre un fondo abstracto. De este modo, Juan del Junco abandona la vía del artista-antropólogo y pasa a sugerir una historia en torno al objeto encontrado. No le interesa el informe de qué pudo ocurrir, cuanto la narración posible que, en torno al objeto, queda a disposición de la fantasía del espectador. Del Junco, por su parte añade su propia fantasía, no en forma narrativa, sino mediante una imagen fotográfica, en ocasiones llena de humor, que reúne a los protagonistas posibles del objeto perdido: el muchacho que debe cargar el perro a hombros o los jóvenes amantes que se miran a través de una rama de árbol caída sobre sus cabezas. Cada serie se completa con otras fotos del lugar que a veces dan cuenta del entorno natural y otras de su historia (como el Canal de los presos en el caso de La Corchuela).

En el proyecto hay interesantes hallazgos de diversa índole. Porque siendo importantes tanto la reinterpretación del objeto hallado como el giro desde la fotografía-documental a la propuesta narrativa y la imagen poética, no debe olvidarse la interesante selección del reportaje de cada enclave y la conversión en paisaje de aquello que nunca vemos como tal: la tierra, que en estas fotografías es mucho más que algo que soporta nuestros pasos.

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