Una elegante locura

Femás 2013. Compañía Claroscuro. Intérpretes: Julie Vachon (directora de escena, guionista, actriz y titiritera), Francisco de Paula Sánchez (codirector, productor, iluminador y titiritero), Verónica Plata (soprano), Miguel Ángel Jiménez (guitarra barroca, tiorba, charango y codirección musical), Aurora Martínez Piqué (viola da gamba), Luis Vives (percusión), Fernando Pérez Valera (flautas dulces y cornetas). Programa: Obras anónimas y de Marín, du Bailly, Sanz, de Milán, Hidalgo, de Murcia y Martín y Coll. Lugar: Sala La Fundición. Fecha: Sábado 16 de marzo. Aforo: Dos tercios.

El fin de semana que el Festival de Música Antigua de Sevilla (Femás) ha dedicado al teatro musical comenzó con Yo soy la locura. Francisco de Paula Sánchez introdujo con sentidas palabras de homenaje a Montserrat Figueras y con unas detalladas notas al programa este delicado espectáculo, que retrata con ternura y sensibilidad los brutales episodios de la conquista de México, dispuestos como telón de fondo de la historia de amor entre una azteca y un titiritero, realmente presente -según afirman las crónicas- en el viaje de Cortés.

La cálida e íntima iluminación -en, efectivamente, claroscuro- y la elegancia de los movimientos de los títeres de la compañía hispano-canadiense contrapuntearon el protagonismo musical y dramático de Verónica Plata, soprano musicalmente criada en el Coro Barroco de Andalucía y que demostró no sólo poseer una voz fresca y adecuada al repertorio, sino haber adquirido las nada fáciles cualidades actorales que requiere el protagonismo de su rol. Sin apenas sufrir por el constante paso de la voz cantada a la hablada, alcanzó un especial lirismo en Quiero y no saben que quiero. En un correcto segundo plano quedaron el resto de los músicos, estáticamente integrados en la escena: Pérez Valera más a gusto (curiosamente) con la corneta que con las flautas, limpio el continuo de Jiménez, comedida la percusión y sano el sonido de la viola de Aurora Martínez, que sorteó los inevitables problemas de afinación del teatro en vivo. Sólo fue lástima que entre el público no hubiera más niños, que hubiesen disfrutado de la mejor música barroca española en el contexto en el que nació y que realmente la pone en valor, el teatral, y en perfecta conjunción con el eterno mundo del títere.

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