La elocuencia del superviviente

La historia de supervivencia de aquellos jóvenes uruguayos accidentados en la cordillera de los Andes en 1972 forma ya parte de nuestra memoria colectiva gracias a su enorme difusión mediática y también al éxito de una película de ficción, Viven, dirigida por Frank Marshall y protagonizada, entre otros, por Ethan Hawke. Gracias, también, al inevitable elemento sensacionalista que la ha acompañado siempre, y que insiste en recordarnos cómo aquellos desesperados jóvenes tuvieron que comerse a sus compañeros fallecidos para no morir de inanición en unas condiciones verdaderamente terribles.

Náufragos, académico documental de reconstrucción, archivo y testimonios que reúne por primera vez a los 16 supervivientes 35 años después del accidente aéreo, parece insistir en esta idea como núcleo dramático, y se reivindica a sí misma como la película definitiva sobre el caso después de numerosos acercamientos. Es como si, tantos años después, y en aras de un nuevo ejercicio de catarsis, se quisieran seguir dando explicaciones y pidiendo disculpas por haber cometido el sacrilegio del canibalismo, entendido éste como el punto sin retorno de la degradación humana. Como si estos muchachos educados en colegios católicos necesitaran expiar una vez más su sentimiento de culpa ante las cámaras, como ya hicieran en la rueda de prensa inmediata a su rescate.

No era necesario subrayar esta disculpa. Náufragos funciona perfectamente como relato coral de rememoración, como testimonio lúcido y elocuente de una pandilla de amigos que recuerdan los detalles (no sólo los escabrosos, también todos aquellos que refuerzan la idea de la solidaridad del grupo o el respeto a la memoria de los muertos) de una experiencia límite, como encuentro de voces (concordantes) que han conseguido sublimar su propia memoria dolorida gracias a una fascinante capacidad fabuladora, asentada durante tantos y tantos años de mirada al pasado.

Gonzalo Arijón estira tal vez más de la cuenta su relato a través de unas cuidadas y evocadoras reconstrucciones docudramáticas puntuadas por una música elegíaca en permanente estado de suspensión. Sin embargo, frente a su retórica más o menos convencional, es la fuerza y la lucidez de la palabra de sus protagonistas lo que verdaderamente nos arrastra al epicentro de una historia fascinante sobre la fortaleza humana en una situación extrema.

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