La emoción de la primera vez

  • 'La mort du Tasse' ha sido recuperada por JOsé Ferrero en el Teatro de la Maestranza.

Como en tantas cosas en la vida, también en la Música resulta inolvidable la primera vez. Como melómano, modesto investigador y crítico, siempre recordaré con especial emoción la experiencia de anoche cuando escuché por primera vez La mort du Tasse. Si siempre es atractivo asistir a la recuperación de obras olvidadas, en este caso hay que decir que pudimos asistir a la resurrección de una auténtica obra maestra que debería incorporarse al repertorio de inmediato por méritos propios. Ya desde la solemne y densa obertura se veía que no estábamos ante el García ya conocido (el casticista o el italiano), sino ante un compositor teñido de romanticismo, de fuerza dramática, de solemnidad y, sobre todo, de genio. Por su escritura orquestal y coral, esta ópera de 1821 adelanta lo que décadas más tarde harían un Berlioz o el Mendelssohn de los oratorios. Creo que con La mort du Tasse debería ya desecharse el sambenito (injusto por falso) del García "imitador de" y poner a nuestro paisano en el lugar que merece en la Historia.

No cabe sino felicitar a la direcciíon artística del Maestranza por haber creído en este proyecto. La madurez, en estos terrenos, se demuestra también por la capacidad de innovar repertorio y de apostar sobre firme sobre nuestro patrimonio.

Pedro Halffter demostró sobre el podio el entusiasmo y la ilusión por esta música. Con una disciplinada e inspirada orquesta Joven de Andalucía, de sonido empastado y rico y con brillantes solistas (clarinete, oboe, trompa, arpa), Halffter imprimió desde el principio un auténtico vendaval de energía, sabiendo dosificar los efectos de intensificación en las dinámicas y en la agógica, como en el espectacular final del primer acto, con un Coro que firmó una de sus mejores interpetaciones de los últimos tiempos. El director acentuó con eficacia y dramatismo los recitativos orquestales e hizo del aria de danza un momento de enorme atractivo sonoro.

José Ferrero se ha mostrado como un perfecto correlato vocal para el personaje principal. Con su voz profundamente lírica pero también heroica, que sabía plegarse a los afectos y a los acentos, desplegó sutileza en su aria con arpa y trompa obligadas, y pasión en su dueto con Yolanda Auyanet en el tercer acto. A esta última hay que agradecerle el que, en sus condiciones de salud, decidiese seguir adelante y salvar la noche. La voz es bella y sabe manejarla, especialmente cuando se trata de apianar y de desplegar una línea de canto, si bien su volumen quedó algo atenuado por el resfriado. Inmenso, sin condiciones, estuvo Josep Miquel Ramón, un poderoso y apabullante barítono que debiera venir más por el Maestranza. Marina Pardo aportó su voz profunda y seductora y Atxalandabaso su atractivo timbre de tenor lírico. Feria y Santiago pusieron las voces más graves con fiermeza y rotundidad.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios