daniel jándula. escritor

"Sé que no voy a escribir nada nuevo, pero igual hago un poquito de ruido"

  • El autor malagueño residente en Barcelona acaba de publicar 'Tener una vida', una sorprendente fábula próxima a la ciencia-ficción sobre la condición humana y sus abismos

El escritor Daniel Jándula (Málaga, 1980) presentó el jueves su novela 'Tener una vida' en la librería sevillana Casa Tomada. El escritor Daniel Jándula (Málaga, 1980) presentó el jueves su novela 'Tener una vida' en la librería sevillana Casa Tomada.

El escritor Daniel Jándula (Málaga, 1980) presentó el jueves su novela 'Tener una vida' en la librería sevillana Casa Tomada. / JAVIER ALBIÑANA

Daniel Jándula (Málaga, 1980) presentó el jueves en la librería Casa Tomada de Sevilla su novela Tener una vida (Candaya), una sorprendente fábula que comienza con el hallazgo por parte de un hombre cualquiera de un extraño agujero en su casa que va devorando poco a poco todo lo relativo a su existencia. Jándula, afincado ahora en Vilafranca del Penedès (Barcelona), se ha ganado a la crítica y a los lectores con una obra que anticipa una más que prometedora trayectoria literaria.

-Para definir la ciencia-ficción, Philip K. Dick afirmaba que el principal rasgo del género es la deformación conceptual, la impresión por parte del lector de que está en otro mundo. A tenor de esta idea, ¿en qué medida es Tener una vida una novela de ciencia-ficción?

-Sí, la novela está muy ligada con eso. Pero lo que más me atrae de la ciencia-ficción, y que está presente en Tener una vida, es la idea de la especulación continua, no sólo sobre la realidad sino del narrador hacia sí mismo. Ésta es la ciencia-ficción que me interesa, y ahí se insertaría la novela.

"Me identifico con Philip K. Dick y eso ha llegado a preocuparme, aunque mi delirio es más de andar por casa"

-Cuando habla de especulación, ¿se refiere a la falta de asideros para concretar lo que existe?

-Sí, esta idea de la especulación haría referencia a la necesidad de estar siempre en la cuerda floja, siempre a punto de hundirte o de salvarte, sin término medio. Creo que es algo muy común, aunque corras el riesgo de que algunos te pregunten si estás delirando, como por otra parte le pasaba a Philip K. Dick. Me considero muy cercano a esto, cuando leí la biografía de Dick que escribió Emmanuel Carrère, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, me sentía todo el rato identificado y eso llegó a preocuparme. Pero vaya, mi delirio es más de andar por casa.

-Su novela, en todo caso, retrata al hombre posmoderno con la dosis justa de tragedia...

-Sí, de hecho mi impresión conforme la iba escribiendo era que el relato adquiría un tono muy trágico. Pero gracias a algunos lectores supe ver después que no, que en realidad la postura del protagonista es como más pragmática, lo va resolviendo todo sin tener que intervenir apenas. Se hace todo el rato preguntas y cada vez encuentra menos respuestas. Eso es un rasgo muy posmoderno.

-¿En la actitud pasiva con la que lo va perdiendo todo podemos encontrar un rasgo beckettiano?

-El teatro de Beckett me influyó mucho durante mi etapa en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga. Yo soy de plantearme las cosas más hondas, pero sólo una mijita. Luego pasamos a otra cosa. Esperando a Godot es justo así, hay que gente que se pasa todo el rato andando sin ir a ningún sitio, dando la vuelta a lo mismo 30 veces. Cuando descubrí a Beckett lo hice con tanto alivio como responsabilidad, porque cuando crees que has llegado a un determinado sitio reconforta saber que ha habido alguien allí antes, que no estás solo. Aunque, al mismo tiempo, te preguntas qué puedes hacer ahora que no eres el único.

-Por cierto, ¿considera posible la originalidad en la narrativa?

-Creo que la originalidad es posible. Otra cosa es que yo tenga la capacidad para alcanzarla. Pero cuando el Eclesiastés afirma que no hay nada nuevo bajo el sol se está refiriendo a esto, a nuestros intentos por permanecer. Se puede ser original, sí, pero no se puede crear desde la nada. Necesitas un punto desde el que empezar a trabajar, y ese punto te lo dan otros. Yo sé que no voy a hacer nada nuevo, que no voy a revolucionar nada, pero a lo mejor puedo hacer un poquito de ruido.

-El protagonista hace gala de cierto humor cínico...

-Siempre digo que esta novela tiene muchos efectos especiales, pero que el principal es el narrador. Es el que más inversión de tiempo ha necesitado. Mi relación con el personaje durante la escritura ha sido extraña, a veces lo sentía muy próximo, otras tan lejos que no lo veía. Pero siempre he creído intuir en él la idea del doble, de una sombra. Eso me interesa mucho.

-¿Admitiría un posible cariz autobiográfico?

-Sí, hay cosas mías en el personaje, por más que a menudo he intentado disimularlas. En eso de darle siempre mil vueltas a la misma idea, aunque creas que la tienes muy asentada, me parezco a él. Los dos compartimos un cierto rasgo obsesivo-compulsivo. En las primeras versiones este rasgo estaba más acentuado en el personaje, al final quedó un trastorno más emocional que de gestos, pero algo de eso hay.

-Al final, en la escritura hay siempre algo de trastorno.

-Sí, la verdad es que durante algún tiempo me preocupó la imagen que yo pudiera proyectar. Llevaba mucho sin publicar nada, mi libro anterior salió en 2009 y en este tiempo he cambiado mucho, me he encerrado mucho en mí mismo. Pero al final es el lector el que se hace una imagen determinada del escritor al que lee, y contra eso no puedes hacer nada. Así que mejor no tomárselo a pecho. Lo único que cuenta es el lector que está por ahí con un ejemplar de Tener una vida.

-¿Anda ya metido en algún otro proyecto futuro?

-Sí, sí que lo hay. Pero no tengo ni idea de por dónde irá. Sólo sé que tendrá un protagonista femenino. Por lo demás, me apetece terminar con la promoción para desaparecer un poco. Escribo todos los días, un poco a la manera de un ejercicio espiritual. La escritura tiene para mí algo de sagrado.

-Hemos hablado de Dick y de Beckett, pero ¿a quién considera su verdadero padre literario?

-A José Antonio Garriga Vela. Cuando lo conocí. supe la clase de escritor que quería ser.

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