Contra el éxito

  • Dos años después de su debut, 'St. Elsewhere', Gnarls Barkley pelea contra su popularidad en 'The Odd Couple'

Parece inevitable a la hora de referirse a la segunda entrega de Gnarls Barkley -la extraña pareja integrada por el ubicuo y polifacético Danger Mouse y el cantante Cee-Lo Green, a la que el título de este nuevo álbum alude con sus varios y divertidos significados- valorar el impacto que hace ahora un par de años supuso su debut, St. Elsewhere, arrollador combinado de espíritu soul y tratamientos electrónicos derivados de los modos y formas del hip hop instrumental que acabaría catapultando al dúo, gracias a la inmediatez de un sencillo como Crazy y a la contagiosa e imaginativa revisión del clásico de Violent Femmes Blister in The Sun, al deslizante olimpo de las sorpresas de la temporada.

En cualquier caso, que lo de Gnarls Barkley quedaba lejos del hype era algo evidente, tanto por la trayectoria previa de Mouse -Brian Burton- como por la eficacia de la talentosa fórmula empleada a la hora de reubicar en un contexto actual los esquemas del soul, haciéndolo, dicho sea de paso, sin caer en el exagerado revisionismo -no exento de encanto, también hay que apuntarlo- de una Amy Winehouse, una Duffy o una Adele.

¿Resiste entonces The Odd Couple el peso del éxito de su antecesor? Sólo en parte. Descontado el factor sorpresa, insignificante con el paso de los años pero a veces primordial en el cambiante y acelerado universo pop, la segunda entrega de la pareja mantiene el equilibrio entre forma y fondo, pero no resiste la comparación en términos absolutos en cuanto al valor individual de sus canciones ni, por tanto, en el de su resultado conjunto.

Eso no significa en ningún caso que The Odd Couple sea un mal disco. La voz de Green sigue mostrándose magnífica, antigua, negra, emotiva y plena de matices que parecen genéticamente incrustados; Mouse sostiene el pulso con sus bases y armónicos de querencia lo-fi y sirve en bandeja una banda sonora idónea para el lucimiento de su compañero. Hasta se exhiben algunas canciones ciertamente notables -el sencillo Run y la subyugante Going On, evocadoras en su dinamismo de Crazy; la robusta Charity Case y la contoneante y misteriosa Surprise, puntos de apogeo de un trabajo que, valga la repetición, aún guarda otras sorpresas-.

No, no es un mal disco, sólo que detrás tiene un título previo que, de manera inevitable, le hace sombra forzando la comparación. De no ser así, probablemente estaríamos hablando ahora de una de esas revelaciones de la temporada.

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