Lo que le falta para dar el gran salto

Evanescencia y contundencia. Capacidad de sugerir y enérgicos rasgueados. Temas cantables y melodías que juegan con la ambigüedad tonal, incluso con la atonalidad (hablar de dodecafonismo, como hizo Josele en la presentación del recital, es un exceso). Eso son los dos extremos en los que se mueve la guitarra contemporánea desde hace dos décadas, y también el marco en el que se mueve la música del almeriense. Siempre a la sombra de Paco de Lucía, en este caso con más razón, en tanto que Josele milita en el grupo del de Algeciras desde hace unos años. De hecho hizo una especie de versión de Zyriab, una mera excusa a ritmo de fandangos para que Martín y Bandolero (que también forma parte del grupo de Paco: en realidad hicieron exactamente lo que suelen hacer en los conciertos del algecireño) hicieran sus intervenciones más largas de la noche. El formato es el del trío de Gerardo Núñez (encarnado también en este caso por la presencia del contrabajista habitual de Núñez) y el resultado es igual de austero y contundente. Polaridad que evidencia la puesta en escena de Josele en la estructura bimembre de cada una de sus propuestas.

Así en la taranta expone sus argumentos armónicos, con sorprendentes modulaciones, y luego remata con un largo, y bello, tema cantable. Igual en el tanguillo-rumba y en el resto de temas. La colaboración con Javier Limón en El Sorbo, disco fundamental que no han escuchado más que cuatro, abrió los oídos y las manos a Josele a un espacio que había intuido en la música del De Lucía, pero que en ese momento se concretó en una fórmula propia. Momento en que se convierte en un guitarrista a tener en cuenta. Después se mostró tímido en exceso, falto de convicción en sus posibilidades, cuando anoche no se atrevió a ser él mismo durante una hora y 20 minutos completos.

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