El flexible y virtuoso Beethoven de Louis Lortie

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Vuelven los ciclos al programa de Cajasol con una de las integrales más atractivas para cualquier melómano medio: las 32 sonatas para piano de Beethoven, que se ofrecerán en ocho recitales entre la presente temporada y la 2008-09.

El encargado de ofrecer la dos primeras sesiones fue el canadiense Louis Lortie (Montréal, 1959), intérprete bien curtido en lides beethovenianas, que se reservó ocho piezas, entre ellas algunas de las más populares y atractivas del ciclo: la Claro de luna, la Hammerklavier, la Op.111.

El concepto interpretativo de Lortie se asentó en una extrema flexibilidad agógica, un notable virtuosismo y un muy contrastado tratamiento de dinámicas. El uso generoso del rubato fue, en efecto, uno de los factores que marcó su visión beethoveniana, un rubato que si dio sentido, variedad y flexibilidad a muchos pasajes, provocó cierto amaneramiento en otros, como el Allegretto de la Claro de luna o el famoso Minuetto de la nº20.

A las dos sencillas sonatas de la Op.49 (nos. 19 y 20), que abrieron el primer concierto, les faltó en general ligereza. Muy correctas las nos. 24 y 28, aunque en la fuga final de ésta no faltaron pasajes emborronados. Virtuosa y colosal la brillante nº3, magníficamente contrastada desde su Allegro con brio inicial, y espléndida en general la Hammerklavier, con un Adagio sostenuto reconcentrado y denso, de tensión bien planificada y efectivos detalles de color, entre el sonido perlado y el percutivo. Lortie enfatizó el sentido dramático de la nº32 con unos espectaculares contrastes dinámicos, antes de abandonarse en una Arietta tan clara como expresivamente sugestiva.

Si el primer día el pianista canadiense cerró su actuación con el segundo movimiento de la Patética (Beethoven, por supuesto) como propina, ayer renunció con buen criterio a ella: tras la magistral Op.111 sólo cabe el silencio.

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