El gran momento de Patricia Guerrero

  • La bailaora granadina se presenta por primera vez en solitario en Sevilla esta noche en los 'Jueves Flamencos' · Intérprete precoz, agradece "a diario" que Rubén Olmo se cruzara en su caminol Patricia Guerrero y su compañía. Hoy a las 21:00. Sala Joaquín Turina. Fundación Cajasol. De 12 a 18 euros

Celebra Manuel Herrera, director del programa de los Jueves Flamencos de Cajasol, la precocidad de Patricia Guerrero (Granada, 1990), una bailaora de amplio recorrido pese a su juventud. Y no sólo porque en su trayectoria figuren colaboraciones y trabajos con nombres mayores en la danza flamenca -Mario Maya, en cuya compañía estuvo dos años, Manolete, Eva Yerbabueba, Mercedes Ruiz y, más recientemente, Rubén Olmo-, sino porque su baile es ante todo bello, flamenco, femenino, fresco. "Si con 22 años baila así, con 30 años será impresionante", comentaba Herrera en la presentación del recital que ofrecerá Guerrero esta noche en la sala Joaquín Turina, a partir de las 21:00. Acompañada de la guitarra de Luis Mariano, las voces de Moi de Morón y de David El Galli y la percusión de Cheyenne, la ganadora del Desplante de La Unión, con sólo 17 años, ha preparado un recital que comienza por abandolaos que derivan en fandangos del Albaicín, sigue por granaínas y tangos de Graná y culmina en soleá por bulerías. Un programa que compila la esencia de su baile, que, reconoce, "se ensanchó cuando vine a Sevilla". "Me gusta como se baila aquí. Y me gusta desde Farruquito a Israel Galván", comenta sobre los intérpretes de una ciudad en la que vive desde hace cuatro años. Es en la capital andaluza, donde, más allá de su trabajo en compañías, ha crecido "en libertad y soltura" en tablaos como Los Gallos, El Arenal o la sala Auditorio, salas con menos relumbrón que ella considera "primordiales para formarse en el baile".

Segura de su calidad y, sobre todo, de la pasión que pone -"yo no quiero ser la mejor, yo lo que quiero es bailar, que es lo que realmente me hace feliz", repite-, Guerrero está, con todo, inquieta, "nerviosa", pues la de hoy es también su primera actuación en solitario en Sevilla y, además, el regreso a las tablas de un teatro tras los aplausos cosechados en la pasada Bienal de Flamenco. Porque sin ser protagonista de ninguno de los dos espectáculos en los que participó, brilló como si lo fuera. Su baile por romances, seguiriyas y guajiras -enfundada, en este último palo, en una deliciosa bata de cola roja- robó los aplausos del público en el recital que Arcángel protagonizó junto con la Academia del Piaccere, una velada en los Reales Alcázares que Guerrero define como "mágica" y su primer gran contacto con el público de la Bienal.

Y, de nuevo en la gran cita jonda, su baile deleitó al público del Maestranza como primera bailaora del Ballet Flamenco de Andalucía (BFA), con el paso a dos que protagonizó con Eduardo Leal en Metáfora y en la fiesta sin fin que se marcó junto a Antonio Canales en el Llanto por Sánchez Mejías, bajo la dirección de Rubén Olmo. Y es que es el director del BFA "una persona decisiva en mi carrera", "a quien agradezco a diario que se cruzara en mi camino" y que le ha ayudado no sólo "a recolocar el cuerpo", sino "la cabeza". Con Rubén, enumera, "he aprendido la disciplina de las clases de nueve a tres y media, a fijarme en los detalles, a entrar en un teatro y mirar las luces, ir a un ensayo bien peinada, cuidar el vestuario, a investigar...".

Precisamente, el recital de esta noche -que, además de en Granada, ha presentado en Holanda y Bélgica- nace del encargo de llevar al baile el universo plástico de Matisse, con motivo de la exposición en Granada de los cuadros que el francés pintó influenciado por su viaje a España. "Me documenté sobre los cuadros y me fijé especialmente en tres: Mantón de manila, La Joaquina y Mujer con pandereta", explica esta joven cuya carrera, en la que figura como su primera maestra la bailaora Presi, no se ha fraguado en ningún conservatorio, aunque, precisa, "sí he tomado clases de clásico". "Aunque no haya pasado por un conservatorio, siempre me ha gustado aprender, absorber todo lo que pueda de la gente que me rodea", confiesa esta granadina, hija de bailaora y futbolista, del que ha heredado "la vena competitiva de intentar mejorar y aprender".

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