Los grandes éxitos de Pitingo

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Con 17 minutos de retraso comenzó este concierto organizado por la Fundación Cajasol para clientes y empleados, y que repite esta noche en la Sala Joaquín Turina, de grandes éxitos. Los éxitos, en realidad, no son de Pitingo, sino de The Police, Nirvana, Roberta Flack, The Beatles, Bob Marley, etcétera. Algo parecido a lo que hacían en los años 60 y 70 los grandes del soul, a los que tanto admira Pitingo. También parecido a lo que hacían las orquestas verbeneras de mi pueblo cuando yo era chico. Entre esos dos extremos se movió un concierto que también incluyó algún éxito flamenco: la debla de Triana de Tomás Pavón, la malagueña del Mellizo, los fandangos de Alosno, etcétera, eso sí, traídos, o llevados, a ese terreno de música y arreglos ligeros, el pop más convencional. Y que, desde luego, en ocasiones rozó, y en otras cayó por completo, en la horterada y en los tópicos más gruesos de la cultura flamenca y la afroamericana.

Quizá lo más cargante es que esto se presente como la nueva "revolución" flamenca, cuando Pitingo no ha profundizado tanto en la tradición flamenca como para hacer una revolución. Lo que Pitingo tiene, y es muy valioso, es una voz muy colorida. Y la fórmula que usa, la de incluir el mismo melisma blues o soul en todo lo que canta, está bien para un ratito. Pero cuando abusa de lo mismo, llega a ser pesado. De manera que uniformiza todos los cantes y canciones. Lo que Pitingo posee está bien para un cante, para una canción. Pero no da para un espectáculo completo. Supongo que es por eso que tiene que tirar de los grandes éxitos. A ello une su simpatía, su capacidad de conexión con el público. Y su nueva calidad de showman.

Pintingo ha decidido ser otra cosa que un cantaor de flamenco. Se ha metido en el negocio del pop aflamencado, y para eso no es mala la compañía de El Camborio, después de más de 20 años al frente de Ketama. Una experiencia que le ha hecho perder la conexión con el toque de acompañamiento actual. Ambos intentaron el año pasado hacer un espectáculo flamenco, y la cosa no funcionó. Ahora vuelven con una propuesta que potencia aún más los elementos del pop convencional, y quizá así pueda funcionar más para espacios al aire libre, para bailar bajo las estrellas, con los arreglos de batería, percusión, bajo eléctrico y sintetizadores. Eso sí, proponer esto como la nueva revolución flamenca, es pretender tomar el pelo al personal. La propuesta, como tal, como digo, no da para nada más allá de un cante, un tema. Pero ni siquiera es nueva: no olvidemos a artistas como El Luis de los años 70. O, ya puestos, El Principe Gitano y su In the Ghetto. Decir otra cosa es vender humo.

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