Una grandiosa intimidad

Afirman los que han vivido mucho que, con el paso del tiempo, es la esencia lo que va quedando y más nos llena. Un maestro como Raphael, aquí -como en otras muchas cosas-, tenía que dar ejemplo y, ayer en el Teatro de la Maestranza, lo demostró acercando a su público a Rafael Martos Sánchez. Éste decidió un buen día abandonar su pueblo jiennense de Linares en busca de un sueño y, apenas dio sus primeros pasos sobre los escenarios, lo encontró. Cerca de ti, denominación genérica de la gira de dos años que cerró en Sevilla, fue un repaso de casi cinco décadas ininterrumpidas de triunfos y, claro, para tamaño objetivo, era lógico que las dos horas y media de espectáculo supieran a poco.

La complicidad entre el cantante y su gente fue constante. En una época de trampas tecnológicas, la verdad escénica del artista fue recompensada con vítores continuos. "¡Eres el mejor!", "¡Eres único!". ¿Su voz? Controlada. ¿Su carisma? Intacto. Él lo pronosticó desde el principio: Mi gran noche, uno de los primeros títulos, animó a los asistentes a trasladarse a una época en la que Raphael rezaba el Ave María con una ilusión que mantiene, Digan lo que digan. Con alguien entre el público, y una formación de siete buenos músicos que él dirige con batuta invisible en todo momento, le basta.

Como escenografía, dos taburetes, una silla y tres pies de micro. Un Escándalo en toda regla de quien reconoce "seguir siendo aquél" a pesar de que este señor que se deja la piel en cada actuación lleve encima un trasplante de hígado. Nadie lo diría. Cada vez que vibra hace vibrar también con letras de melodías tan desgarradoras como Amor mío o En carne viva que, igual que a él, a nosotros pertenecen. Ahí está el auténtico logro de una obra que para el pueblo se crea y en las raíces de su memoria queda asentada.

Por lo demás, Qué sabe nadie de lo que siente este ídolo. Frente al espejo llegamos al tramo final para descubrir lo que significa Estar enamorado de una profesión y demostrarlo con Como yo te amo, declaración de intenciones seguida, en el mes de la Navidad, por un villancico convertido en un clásico: El tamborilero. Canciones de ayer, de hoy y de siempre. Un tránsito de un hombre que pasó, como bien explica en uno de sus temas, de "su niñez a su garganta".

Y si los franceses conservan como oro en paño al retirado Charles Aznavour, y los americanos defienden con uñas y dientes el talento de Frank Sinatra, no nos quedemos atrás como en tantas ocasiones. Tenemos a Raphael. Aprovechémoslo. Es para sentirnos más que orgullosos.

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