Qué hacemos con el miedo

  • Alfredo Sanzol, uno de los autores más brillantes de la escena actual, propone en 'Aventura!', hoy y mañana en el Central, una comedia moral sobre las miserias humanas que afloran con la crisis.

Cada vez más atareado, reclamado aquí y allá para encabezar ya no sólo sus propias obras –Esperando a Godot, del Centro Dramático Nacional, y La importancia de llamarse Ernesto, en el Teatro Fernán Gómez, están ahora mismo en cartel en Madrid dirigidas por él–, y a punto de viajar a Nueva York para participar desde el próximo lunes en el festival literario Pen World Voices 2013, Alfredo Sanzol compareció ayer en el Teatro Central por videoconferencia, como un ministro que arenga a los muchachos en las tiendas de campaña en el extranjero, como un presidente del Gobierno de los que hablan, o como el máximo accionista instruyendo a su consejo de administración, pero para decir algo más importante. Que por culpa del miedo, por ejemplo, por pensar en el futuro y sólo atisbar una incertidumbre tenebrosa, muchas veces acabamos haciendo cosas que nunca, nunca –¡por favor!– haríamos.

Esa es la inquietud principal que movió a Sanzol, nacido en Pamplona en 1972, uno de los dramaturgos más divertidos y hondos, más personales y sugerentes de la escena nacional, a escribir Aventura!, así, con un solo signo de exclamación, como si el de apertura se le hubiera desprendido en el camino por contagio de la precariedad –económica, sí, pero también y sobre todo moral– de la que habla esta obra en la que el autor se alía de nuevo con la compañía T de Teatre tras la evidente sintonía que revelaba su anterior trabajo conjunto, Delicadas. En esta ocasión, Sanzol vuelve a aplicar su prodigioso oído para el habla coloquial, su sentido del humor, su inteligente ligereza que oculta, en sutiles pliegues, todo un catálogo de turbulencias emocionales y temores íntimos, en una obra que –confiesa– a él le encantaría que unos vieran como una comedia, otros como tragedia, y otros como tragicomedia.

La obra cuenta la historia de seis socios de una empresa indeterminada que no los está haciendo ricos, pero que mal tampoco va. Como aun así ellos (interpretados por Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla, Ágata Roca, Albert Ribalta y Jordi Rico), por lo que pueda pasar, que nunca se sabe, no acaban de ver claro el horizonte, ven su gran oportunidad cuando un empresario chino les hace una oferta de compra. El problema es que al final no venden la empresa, pero eso no significa que se levanten de la mesa sin haber hecho su negocio. Sanzol no tiene problema alguno en desvelar los finales de sus obras –“lo que me gusta, en todos los casos, es cómo se llega al final, eso es lo importante”– pero como es más que probable que no todo el mundo coincida en este punto con el dramaturgo, tan sólo diremos que el conflicto que plantea esta comedia (moral) se desencadena después de que una de las socias de esa firma proponga una alternativa a la venta de la empresa, una iniciativa con la que todas las partes harían, al fin y al cabo, según ella, mucho más dinero.

Aventura!, explicó el autor, surgió “por el placer de volver a trabajar juntos, de manera muy natural”. “Como llevaba cinco espectáculos seguidos de historias cortas, empecé a escribir pensando que ésta también iba a ser así, pero el primer sketch comenzó a crecer, y los personajes empezaron a tirar del carro... y salió una obra larga”. Larga quiere decir, más concretamente, que lo que propone ahora Sanzol no es la estructura de obras como Risas y destrucción, Sí, pero no lo soy, Días estupendos o En la luna, todas ellas vistas en el Central, con las que tanto éxito y tanta admiración ha conseguido –pequeñas historias, autónomas narrativamente pero unidas, eso sí, “por una trama subterránea que se va construyendo conforme los sketches se suceden”, en su propia explicación–; sino una obra con presentación, nudo y desenlace.

“Tampoco hay tanta diferencia a la hora de escribir”, dijo el autor sobre este formato más clásico, con el que no trabajaba desde su primera obra, Cuscús y churros, y al que ahora regresa en un intento de exorcizar los demonios personales que le produce la interminable y devastadora crisis, y también de nombrar, para de alguna forma domesticarlos, “los fantasmas que están ahí, no se ven, pero ahí están”, en la sociedad. Percibe y sufre la “terrible ansiedad colectiva” provocada por la crisis, pero le da miedo en especial, dice, el “sálvese quien pueda”, el “secuestro de la democracia”, la “cobardía que se ha apoderado de nosotros”. La certeza de que “el problema no es sólo económico”, sino “sobre todo ético, ideológico, moral”, aunque muchos lo nieguen y tantos otros finjan no saberlo. “En el escenario he puesto lo que veo en la realidad. Y realmente me preocupa no saber si tendremos la inteligencia colectiva y la capacidad comunitaria de gestionar esta crisis”. Dicho así, es verdad, casi dan ganas de salir corriendo en vez de sentarse en la butaca, pero el singular mérito de Sanzol, hace tiempo que dejó de ser un secreto, es su talento para  hurgar en miedos y heridas, para crear emociones contradictorias sin dejar de hacer reír. 

Aventura! Hoy y mañana, a las 21:00, en el Teatro Central. Entradas a 17 euros

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