Las hojas del 27

  • Una exposición en el Cicus revisa la trascendencia de la Generación del 27 a través de sus revistas

Luis Cernuda. Luis Cernuda.

Luis Cernuda.

Por primera vez todo giraba alrededor de la poesía, de los poetas, de aquel grupo de jóvenes abrochados en la Generación del 27 que se subieron al zepelín de la vanguardia como quien se sube a una estrella, sin perder el poderoso tam-tam de los orígenes. Ellos levantaron a pulso una suerte de revolución sin rebeldía, sobrados de ímpetu e ideas nuevas y establecieron la senda de la nueva lírica, de la sociedad nueva, entre el rigor de unos y la voluntad lúdica de otros. Con estos materiales, aquella escudería de aparentes chalados dio cuerpo, forma y sitio al momento más luminoso de la cultura española del último siglo.

Salinas, Guillén, Aleixandre, Lorca, Cernuda, Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso... Esencialmente, ellos fueron los cabecillas de la renovación que inició su trote triunfal en la década de los 20 aupándose en las revistas literarias que surgieron por todos lados: Mediodía, en Sevilla; Litoral, en Málaga; Gallo, en Granada; la gaditana Isla; Verso y Prosa, en Murcia; Hora de España, en Valencia; las madrileñas Cruz y Raya y La Gaceta Literaria; Carmen y su suplemento Lola, en Santander... Fueron muchas las publicaciones donde encontraron sitio. Y, con todas ellas, los poetas se confeccionaron una pértiga de fina audacia para impulsarse hacia lo más alto.

La muestra reúne libros y cartas, pero también dibujos, fotos, partituras y guiones de cine

En esas hojas volanderas es posible descubrir los síntomas de un mundo nuevo que reventaba por las costuras y establecía otra forma de vivir, sentir, compartir y entender la cultura. Es lo que, en definitiva, alumbra la exposición Minervas del 27 que puede visitarse hasta el 23 de febrero en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus). Desde este novedoso prisma, la muestra confeccionada por Eva Díaz Pérez da cuenta de la totalidad de esa mínima multitud de nombres que culebreó en aquellas páginas entre la risa y la primicia, entre la improvisación y la reflexión académica, entre lo popular y el paño sofisticado de la gran literatura.

Por supuesto, este fervor tipográfico tiene su kilómetro cero en Juan Ramón Jiménez, quien fue jefe de expedición hasta llegar a una honda decepción con los del 27 que el de Moguer cinceló en una frase con filo: "Algunos pocos me deben mucho, y muchos me lo deben todo". Pero también sirvieron de preludio revistas de vanguardia como Cervantes, Lys, Tablero, Vltra y, muy especialmente, Grecia, donde un joven Borges -con apenas 20 años- publicó su primer poema. Los versos de su Himno al mar están dedicados a uno de los más destacados apóstoles del ultraísmo, el sevillano Adriano del Valle, del que se exponen aquí por primera vez algunos collages.

Pero los poetas del 27 pronto giraron hacia ellos el foco que antes apuntaba a sus mayores. Y, para difundir todo lo nuevo, ellos no tenían a mano nada mejor que las revistas, convertidas en estandartes de todo lo que había en el aire de una época. "Allí aparecen por primera vez los poemas que luego han sido fundacionales, los manifiestos, las creaciones pioneras. Gracias a las revistas nos asomamos a una época inaugural. En estas octavillas, pliegos y cuadernos se sintetiza lo que estaba por venir, lo inédito. Estas páginas volanderas funcionaron a modo de prueba, de estreno, de hermoso y sugerente laboratorio artístico", señala Eva Díaz Pérez.

Es, precisamente, en este momento eléctrico de la cultura cuando surge en Sevilla la revista Mediodía, que saldrá, con bastantes interrupciones, entre 1926 y 1939. En ella estuvieron enrolados tipos como Eduardo Llosent, Rafael Porlán, Alejandro Collantes de Terán, Romero Murube, Juan Sierra, Rafael Laffón, Manuel Halcón, Antonio Núñez de Herrera y Fernando Villalón, entre otros. El aire de vanguardia de sus páginas fue fundamental para traer a la capital hispalense las jornadas dedicadas a Góngora, un poeta ampliamente desconocido en esos años. Como es de sobra conocido, la cita lacró icónicamente la estela del grupo poético en una fotografía llena aún de enigmas.

A este respecto, la exposición saca a la luz por primera vez los documentos de la revista sevillana procedentes del archivo de Julio Porlán, hoy en el Centro del 27 de Málaga. En ellos se rastrea, por ejemplo, el creciente malestar de Luis Cernuda con Mediodía a cuenta del desinterés de sus responsables por las erratas, hasta el punto de negarse a futuras colaboraciones en una carta autógrafa fechada el 6 de agosto de 1927. O la divertida reacción de Romero Murube tras su nombramiento como director del Alcázar: "De pronto, por birlibirloque, tengo 563 llaves a mi disposición, un palacio mudéjar, otro de Carlos V, otro de Isabel II, varios castillos, etcétera, etcétera".

Pero no todo es literatura en Minervas del 27. También hay dibujos, lienzos, fotografías, partituras, guiones... Porque los poetas no estaban solos. Revoloteaban a su alrededor (o muy cerca) los artistas: Manuel Ángeles Ortiz, Pablo Sebastián, Ramón Gaya, Maruja Mallo, Ismael González de la Serna, Benjamín Palencia... Los narradores: Max Aub, Rosa Chacel, Antonio Marichalar... Los directores de cine: Buñuel y Val del Omar. Y también los músicos: Manuel de Falla como padre espiritual, Adolfo Salazar de crítico y agitador, Ernesto y Rodolfo Halffter, ambos envueltos en ese Concierto Mediodía que se celebró en 1932 a beneficio de la Orquesta Bética con Alberti de invitado.

En medio de toda esa sensacional menestra se contornearon los poetas, ocupando sitio y aupándose a través de unos libros sensacionales como faro de costa del momento. Aquella intensa y hermosa jauría lírica también derrapó hacia lo puramente festivo, como se exhibe en el último tramo de Minervas del 27. Allí, en la sección titulada Ludus. Cuando éramos felices... se exhiben testimonios de "la cena de las barbas" del grupo Mediodía con la actriz Pola Ilery, de la excursión a la isla de Tarfía de Rafael Porlán, Manuel Halcón y Fernando Villalón o la novillada poética en la revista Gallo... Claro que, a la vuelta de unos años, la Guerra Civil acabó con esa galaxia vitalísima. Y, como es sabido, ya no se volvería a repetir un fervor lírico de semejante calibre.

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