Un hombre se expresa en la intimidad

  • Benítez Ariza presenta este jueves en Sevilla 'Efémera', un libro en el que el autor gaditano se adentra en el género breve "desde la cautela y el temor a decir cosas demasiado tajantes"-

José Manuel Benítez Ariza recela de quienes desentrañan y catalogan con una insospechada seguridad esas piezas breves que se conocen habitualmente como aforismos. El gaditano, sin planearlo, ha acabado publicando con la editorial Takara un libro, Efémera, compuesto de textos que responden a ese formato reducido, pero él manifiesta su "cautela" ante ese registro en el que se adentra. Más que el impacto de la máxima filosófica, moral, o la greguería poética, él busca compartir con el receptor impresiones personales, "nacidas de la experiencia": las que fue anotando en su diario de internet Columna de humo. Un conjunto que su autor presenta este jueves, a las 20:00, en la librería La Isla de Siltolá (en la calle San Bernardo, 24), donde estará acompañado de Antonio Rivero Taravillo, y en el que se aleja de la solemnidad sentenciosa, de esa necesidad de sentar cátedra que parece mover a otros escritores cuando escogen ceñirse a unas pocas palabras.

No es la intención de Benítez Ariza abrumar al lector con el deslumbramiento efímero de unos fuegos artificiales. El escritor elige la intimidad, y en esa reserva incluso se impone no abordar ciertos temas incómodos. "Hablar de política, como hablar de dinero o sexo, presupone siempre una cierta mala educación", apunta en una de sus observaciones. En su mesura parece dar una vuelta de tuerca a los cánones del aforismo: "Lo que tendría que definir el género es más bien un cierto temor a decir cosas demasiado tajantes; crear un espacio para la reflexión para la duda", declara el ganador del Premio Unicaja de Poesía, que reivindica "la posibilidad de cambiar de opinión en un país donde eso parece casi imposible".

Entre sus confidencias, Benítez Ariza se retrata como un hombre ya más atraído por las ventajas de la soledad que por el vértigo de la vida social. "Hace años era de los últimos en abandonar cualquier fiesta", relata, "ahora soy de los primeros. En eso me parezco al pescador que ya ha aprendido que, si los peces no pican en la primera hora, no merece la pena pasarse toda la noche con el aparejo tendido, para volver de vacío", dice en uno de los fragmentos. Esa retirada es también una conquista: el poeta celebra "ese paso de baile de pura felicidad que el solitario esboza cuando nadie lo ve" y discierne "otra soledad que es fermento de lo único valioso de ti que puedes ofrecer a los otros". Ése es, valora Benítez Ariza en entrevista telefónica, uno de los "temas recurrentes" de Efémera, "la necesidad de saber estar solo. No la soledad de quien se lamenta por no tener amigos, sino la de quien se siente feliz por haber conquistado su espacio".

A pesar de esa mirada introspectiva, por el libro asoma también una preocupación por el entorno, que permite a Benítez Ariza algunos comentarios malévolos. "No es difícil saber de dónde sopla el viento: basta con mirar hacia dónde se inclinan las cabezas de los intelectuales", observa en uno de sus textos. "Sólo hay que mirar lo que ha ocurrido en los siete u ocho últimos años y reparar en el papel que ha tenido la clase intelectual, que ha seguido de un modo rastrero las directrices del poder. Se ha echado de menos un pensamiento independiente", argumenta el autor.

Efémera encierra también una disertación sobre el oficio de la literatura, que el gaditano realiza de nuevo desde la humildad, sin perseguir la grandilocuencia: en sus páginas advertimos la vulnerabilidad de un autor que apenas tiene certezas pese a su veteranía. "Cuanto más escribo menos me leen. Lo que, después de todo, tiene su lógica", admite Benítez Ariza, que prefiere lo "misterioso, impredecible" del verso antes que el cultivo de la prosa. "Ante el llamado de la poesía", cuenta en el libro, "uno agacha la cabeza y dice: Señora, como explica Cernuda en ese conocido poema suyo que es trasunto de otro de George Herbert. Ante la prosa en cambio uno se pregunta siempre: ¿De verdad tengo que hacerlo?".

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