El hombre superfluo

  • 'Ensimismamiento y alteración. Meditación de la técnica y otros ensayos'. José Ortega y Gasset. Alianza. Madrid, 2014. 216 páginas. 9,80 euros.

Cumplido un siglo de aquella portentosa generación del 14 (Ortega, Eugenio d'Ors, Pérez de Ayala, Juan Ramón, Azaña, Marañón, Gómez de la Serna...), Alianza avanza la publicación de algunos de los ensayos que el genio desbordante y la caudalosa inteligencia de Ortega y Gasset ofrecieron a la curiosidad de su siglo. Ensayos entre los que se encuentra su célebre Meditaciones del Quijote (1914), que propició el membrete generacional, y cuyo influjo en la inteligencia española, y aun en la europea e iberoamericana, está lejos de calibrarse en su justa medida. Y no sólo por el alto cabotaje de su pensamiento filosófico, sino por la pedagogía que Ortega y muchos otros desarrollan en la tribuna multitudinaria del periodismo.

Hoy glosamos brevemente su Meditación de la técnica (1933), por cuanto su temática es, de entre los innumerables asuntos tratados por Ortega, uno de los que atañe más directamente, y con mayor urgencia, al hombre contemporáneo. Como se ha dicho, Ortega no sólo nos enseñó a leer la actualidad desde el punto de vista del pensador; sino que enseñó a pensar, a varias generaciones de españoles, con la solvencia y el escrúpulo, con el vigor y la inmediatez del periodista. La propia conferencia titulada Meditación de la técnica, impartida en Santander, sería publicada posteriormente, en forma de artículos dominicales, en La Nación de Buenos Aires. Y son estas Meditaciones..., compiladas en un volumen, las que habrán de presentarnos al ser humano como fruto del ocio, como animal superfluo, cuya superfluidad viene originada por sus habilidades técnicas.

Según Ortega, el hombre es hombre porque, a través de la técnica, solventa sus necesidades más inmediatas, para luego dedicarse a su quehacer fundamental. ¿Y cuál es este quehacer exclusivo de lo humano? Aquel ideal que, en cada momento, el hombre haya escogido como guía de su existencia. La técnica es, pues, intermedio para otro asunto. Un asunto que no es hijo de la necesidad, sino pariente del ocio. Este asunto es el bienestar, y no la supervivencia desnuda. Si ese bienestar ha desaparecido modernamente, según Ortega, es porque la técnica, lejos de convertirse en útil, se ha transformado en el fin último de la civilización. Una civilización, por tanto, ayuna de proyectos y, en suma, una civilización que, de algún modo, está dejando de serlo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios